Archive for agosto, 2007

La Alquimia de la Intención Creadora

Ricardo Jiménez O., 2007 (Publicado en Revista Mundo Nuevo Año 9 Nro. 57, Enero/Febrero 2008)

A la luz de la filosofía perenne, trabajar con el potencial transformador de nuestras intenciones adquiere su verdadera significación y sentido: una práctica espiritual para la expansión de nuestra conciencia que nos lleva a las profundidades del alma y a la revelación de nuestro Ser verdadero. alquimia2

Documentales como “What’s the bleep do we know?” o “El Secreto”, han vuelto a poner sobre el tapete el tema de nuestra capacidad de influir la realidad. Toman ciertos principios que hoy sustentan la física cuántica, la bioquímica y la neurociencia, llevándolos hacia ámbitos propios de la conciencia humana…

Atractivos en su potencial de abrirnos hacia nuevas posibilidades e introducirnos en los nuevos paradigmas de la ciencia moderna, pero engañosos (y en ese sentido peligrosos) en su reeducación de trasladar leyes válidas para realidades más básicas hacia otras muchísimo más profundas y complejas.

¿Por qué no puedo hacer esto, que se ve tan simple? Quizá muchos hemos experimentado esperanza seguida de frustración, después de ver esos filmes. Y lo simple es la respuesta: ¡porque no es tan fácil! No somos un mero conjunto de partículas y procesos bioquímicos, somos mucho más que eso.

Sin desconocer sus aportes, debemos prevenirnos de esta habitual tendencia superficial del pragmático pensamiento anglosajón. Por más modernos y sofisticados que sean los descubrimientos realizados en niveles inferiores (como la materia y el cuerpo), es erróneo pretender explicar a partir de ellos fenómenos y realidades de orden superior (como la mente, el alma y el espíritu).

Sabiduría antigua en el mundo moderno

Para adentrarnos con solidez en los dominios propios de la conciencia, debemos recurrir al enorme legado de las tradiciones espirituales que, durante milenos, han explorado el ilimitado mundo de la conciencia, elaborando mapas comprensivos y diseñando prácticas para su desarrollo.

Con el surgimiento de la psicología transpersonal y el decisivo aporte de Ken Wilber, la filosofía perenne se encuentra hoy en un proceso de destilación. Proceso destinado a extraer la esencia de la sabiduría que subyace en todas las escuelas de desarrollo humano y espiritual, más allá de sus inevitables connotaciones e influencias históricas y culturales. Nos estamos aproximando a un modelo integrador que permite articular los hallazgos fundamentales de las distintas tradiciones.

Abordaré el tema que nos convoca tomando como punto de partida los dos postulados fundamentales del modelo integral propuesto por Wilber (en su acepción más simple, genérica y abstracta); a la luz de ellos podremos captar con mayor profundidad lo que está implicado cuando trabajamos con nuestra intención.

Primero, como es adentro es afuera.

Toda realidad tiene dos manifestaciones: la cara interna (o subjetiva) y la externa (u objetiva), no existe una sin la otra. Estas dimensiones se influyen mutuamente, es decir, todo cambio interno conlleva necesariamente un cambio externo y viceversa.

Entonces no sólo se puede influir en la realidad externa a partir de lo interno, sino que ello siempre es así, porque toda realidad objetiva tiene su correspondiente a nivel subjetivo. El primer paso que debemos hacer cuando intencionamos una transformación en nuestra realidad externa, es responsabilizarnos de que nuestra actual realidad está siendo creada o sostenida desde nuestro mundo interno, es decir, por nuestros sentimientos, pensamientos y creencias. Sin asumir esto, cualquier juego de magia se constituye en una contradicción, en que apelamos a un “poder” para ciertos fines y del cual al mismo tiempo renegamos.

Salvado este primer obstáculo, nuestro trabajo cae de lleno en el campo intencional y comenzamos a navegar en los distintos niveles de profundidad de la conciencia, lo cual nos lleva al segundo postulado.

Segundo, los deseos del ego y los anhelos del alma

La realidad se estructura en un orden particular (holoárquico), donde los niveles superiores de la jerarquía incluyen a los inferiores, poseyendo siempre mayor profundidad y complejidad que su nivel predecesor. Un principio sumamente fácil de constatar en cualquier realidad que observemos: en lo físico los átomos conforman células, estas tejidos y después órganos y cuerpos. En el lenguaje con las letras formamos sílabas, con ellas palabras y después frases, párrafos, textos, etc. Aplicándolo al área de la conciencia, en forma muy genérica podemos decir: material, corporal, mental-afectivo y espiritual.

En virtud de esta premisa, debemos concluir que cuando deseamos modificar algo de nuestra realidad, necesariamente ese anhelo emerge desde un nivel de conciencia distinto del nivel que gobierna nuestra actual realidad. Los intereses de uno compiten con los del otro y el ganador es aquel que actúa desde las sombras de la inconciencia. El motivo de ello es muy obvio: nadie crea deliberadamente algo que no quiere.

En términos simples: los anhelos del alma están siendo postergados por los deseos “ocultos” del ego; y es aquí donde comienza nuestro trabajo: necesariamente deberemos traer a la conciencia aquellas motivaciones, intereses y deseos que están determinando nuestra actual realidad, solo así podremos ejercer responsablemente nuestro libre albedrío. Sobre ello, dos consideraciones:

Dependiendo del material inconciente que estamos enfrentando, tendremos grados muy distintos de peso y profundidad: desde simples hábitos cotidianos hasta patrones caracterológicos y condicionamientos kármicos. Así, lo que tal vez comenzó con una inocente intención puede llevarnos a un significativo proceso de confrontación con zonas negadas y/o reprimidas de nuestro ser… cuando es así, las más de las veces desistimos en la perseverancia de nuestro trabajo, lo cual siendo completamente legítimo, siempre será más conveniente asumirlo con conciencia y responsabilidad, en vez de evadirlo recurriendo a justificaciones auto engañosas.

Si nuestra opción es perseverar en el proceso, debemos disponernos a realizarlo en el nivel de profundidad que nos está requiriendo y recurriendo a las herramientas adecuadas para ello, que sin duda son muchas y diversas: desde la simple reiteración sistemática de nuestra intención, o recurriendo al apoyo psicoterapéutico, o hasta prácticas rituales o meditativas. La elección debe surgir de una evaluación honesta y realista en un contraste entre el desafío, y las capacidades y recursos.

Ejerciendo el poder creador

Para quienes disponen de recursos propios de la dimensión transpersonal (como el ritual, la oración y la meditación), plantearé una pauta de lo que en mi experiencia conforman los elementos centrales del trabajo, con algunas precisiones y sugerencias que pueden ayudar en el proceso. Todo ello suponiendo que efectivamente los propósitos emergen desde un nivel superior de conciencia (alma) y las resistencias u obstáculos desde un nivel inferior (ego).

Invocando la fuerza del Espíritu. Lo primero es reconocer que en el área intencionada nuestra conciencia habitual está en un nivel inferior a lo que quisiéramos. Por tanto, nuestro trabajo requiere que dispongamos de alguna práctica para expandirla hacia un estado superior, hacer algo para conectarnos desde ese nivel más elevado.

Sugiero recurrir a formas lo más simples posibles, con las cuales nos sintamos cómodos y sean fácilmente accesibles. Las prácticas sofisticadas o exigentes no hacen más que distanciarnos de un acceso cotidiano a ese nivel de conciencia que anhelamos. Lo central es la actitud y disposición para entrar en la quietud y armonía interna que caracteriza el contacto con el alma, que se reconoce también por la capacidad que adquiere la conciencia de atestiguar ecuánimemente nuestro mundo interno sin identificarse con sus contenidos (sensaciones, sentimientos y pensamientos) y, por tanto, sin caer en las habituales tendencias de enjuiciamiento, evaluación, crítica, etc. O sea, en lo que muchos han denominado “el testigo”.

En el espejo de la conciencia. Una vez adquirido el estado, podemos focalizarnos en nuestra intención para iluminar con la presencia del “testigo” los contenidos que emanan desde nuestros niveles inferiores de conciencia, recordando que la estructura concadenada implica que dichos niveles están igualmente presentes e incluidos en este nivel superior del alma o testigo. Este punto es de gran relevancia, ya que marca la gran diferencia entre aproximaciones espirituales evasivas que nos disocian (el “opio del pueblo” como las denominó Marx), de aquellas que nos integran en el reconocimiento y aceptación de la totalidad de nuestro ser.

Llegado este momento, requeriremos también disponer de algunas actitudes adicionales a la mirada ecuánime, como son la honestidad, humildad y algún grado de coraje. Con esos ingredientes, inherentes todos al estado del “testigo”, podremos mirar con la determinación y perseverancia necesaria aquello que se esconde en los rincones oscuros y esquivos del inconciente, boicoteando nuestros anhelos más profundos.

En la llama de la transformación. Cuando hemos logrado encender la luz de la conciencia superior, lo que viene dependerá del estrato psíquico involucrado y su “material” asociado.

Cuando confrontamos raíces kármicas, los contenidos ocultos suelen ser bastante extravagantes, amenazadores e incluso delirantes; con fuerte carga emocional y posiblemente violentos. A veces como recuerdos de vidas anteriores, otras como representaciones simbólicas y no necesariamente permiten establecer el vínculo directo con lo intencionado. Lo central es que aflora el “complejo energético” asociado.

Cuando la indagación nos lleva a situaciones negadas u olvidadas de nuestra historia personal, los contenidos ocultos suelen estar asociados a experiencias de dolor y/o miedo con sus correlatos psíquicos y emocionales de pena, rabia, frustración, resentimiento, amargura, negatividad, etc.

Así, podemos encontrarnos con una infinidad de situaciones diversas, para las que sugiero las siguientes indicaciones generales:

Cuando la experiencia involucra mucha intensidad emocional, se hace imprescindible fortalecer la actitud de ecuanimidad (para lo cual necesitaremos paralelamente reforzar la presencia del “testigo” apoyándonos, por ejemplo, en alguna oración o mantram) y recordar e incluso agradecer la bendición de estar liberándonos de esta carga nociva que nos contamina.

Lo sustancial de la práctica es la vivencia y no la intelectualización de la misma. No distraerse en análisis, interpretaciones o juicios, pues obstaculiza el proceso.

Mantener en todo momento una actitud de aceptación, en especial de aquellos aspectos nuestros que nos parecen reprochables. Debemos recordar que en el origen de toda “insanidad” hay una experiencia de des-amor que no debe ser reforzada con el rechazo. Ver y acoger la herida es el primer paso para sanarla.

Dejar ir y despedirse agradecidamente de todo apego, interno o externo, que nos mantenga atados al sufrimiento. Perdonarse y perdonar, son formas privilegiadas de soltar culpas y resentimientos esclavizantes.

Y por último: en el periodo que estemos trabajando sobre una intención es muy probable que en nuestras vidas cotidianas se presenten situaciones que nos confronten, a veces de manera álgida, con el tema propuesto. Más que intimidarnos, debemos acoger estos desafíos como una señal clara de que nuestro trabajo interno está movilizando la realidad externa hacia la transformación, es decir, como una confirmación de que nuestro proceso va bien encaminado y de que a llegado el momento de pasar de la intención a la acción.

La estructura profunda de la Alquimia

En la perseverancia de la práctica podremos atestiguar la transmutación de los contenidos ocultos, que al calor de la luz, la gratitud y la aceptación, comienzan a suavizarse y dulcificarse para finalmente presentarse como legítimas necesidades de nuestras esferas más básicas, que naturalmente requieren atención y consideración. Surge en ese momento la conciencia clara e integradora de un orden interno reestablecido donde nuestra propia intención original es posible que sea resignificada y revalorada. Lo fundamental -y principal logro- es que: ¡hemos dado un paso en nuestro crecimiento!

Lo que he presentado corresponde a lo que podríamos llamar el noble arte de los alquimistas. Un oficio desarrollado por hombres sabios que tras el símbolo de transmutar el plomo en oro, nos enseñaron el camino de transformar nuestras limitaciones en oportunidades para expandir la conciencia a través de la luz de la conciencia misma, siendo realmente esa luz el tesoro anhelado… Así, la Conciencia se va revelando como camino y meta, como nuestro verdadero ser y destino.

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PLANTAS DE PODER: San Pedro en el Corazón

Por Pamela Torres Chomón (Publicado en Revista Uno Mismo Nro. 211, Julio 2007)image

Difícil distinguir si era el cobijo de la barriga de la tierra pródiga en arbustos, robustos quiscos, transparente estero o era el abrazo amoroso y vital del brebaje amargo del cactus de San Pedro. Lo cierto es que nos acunó un manto de bienaventuranza

En un vendaval fresco y tibio nos envuelve el Raco, viento característico del Cajón del Maipo. Y de repente ocurre que uno busca retazos de aceptación, mendrugos de silencio, pálida placidez y aparece una configuración inesperada. Sentada en una roca me quedo por comodidad y se devela el radiante Ser del entorno. A ratos me causa extrañeza de que todo sea preciso, perfecto, exquisito, conmovedor. La agüita en la que me sumerjo, el viento que acaricia, la madriguera sobre la piedra, la belleza, el regocijo del corazón.

Adentrados por un desvío y, luego, siguiendo las riberas de un estero de aguas cristalinas, llegamos a un paraíso de sol, paz y gratitud. Soledad, psicóloga, fue un hada de la naturaleza conectada con sus sutiles movimientos. Su pareja de la misma profesión, Pablo, hallaba su neardental untado en lodo, perdido en el cerro; la dulce Marta, hasta entonces dedicada a sus hijos y ahora decidida a emprender su empresa, encontraba su mujer fuerte y sensual; Sergio, ingeniero, estaba buscando reavivar el encanto en familia y en su oficina, y yo indagando sobre qué es esto de abrir las puertas de San Pedro. Nos dirigían los psicoterapeutas transpersonales Loreto Frederick y Ricardo Jiménez.

Para Loreto, el carácter del grupo ya viene fraguado en el cocimiento del cactus: “la planta tiene un bello misterio que nace el día anterior cuando comienza la faena del San Pedro en el silencio de la montaña. Sigue una larga cocción en una gran olla de greda, como si estuviese haciendo una pócima. En este proceso, el San Pedro, siempre acertado y mágico, anticipa a través de diferentes símbolos, como forma, color, olor o temperatura, la energía que primará en el desarrollo del taller”. Según ella, el primer grupo fue expansivo, el segundo fue una olla bullente y silenciosa, el tercero fue explosivo, y nosotros, la cuarta horneada, una tribu. “Un grupo de niños”, complementa Ricardo.

ATENDIENDO A LOS PROPÓSITOS

No aparecieron duendes ni monstruos. No hubo vómito, alucinación ni delirio. Bromeamos con que las dosis estaban  diluidas, que no hubo suficiente cocción o que, en verdad, se trataba de jugo de tunas. Jiménez explica: “algunos trabajos desembocan en experiencias extravagantes que distorsionan radicalmente su sentido y potencial, pero el factor principal que determina la vivencia en una dirección u otra, se relaciona con las intenciones puestas por quienes participan experienciando o guiando”.

Viví un estado tranquilo, acunada dentro de algo así como una burbuja porosa y danzarina que contenía todo lo percibido, donde uno simplemente se detiene o camina o nada en el agua o se tiende y es armónico. Claro que me encontré con un viejo fantasma que, más que asustarme, me produjo dolor de cabeza. Y se fue evaporando el carnaval interno, ese estado tan silvestre como prístino de sentirse simplemente presente, participando de la gracia divina, perteneciente, amante.

Ayudada por una insolada, mi represora interna obstruyó expresión, tensó quijada y ascendió en un fuerte dolor craneal. El tesoro reluciente se opacaba…

Pero hubo brotes o rebotes. Por ejemplo, cuando llegué a casa, me recibió la fronda de parrón y jazmín que exhalaban una envolvente brisa húmeda, aromática y palpitante. En esa noche de verano santiaguina se sentían hasta los sutilísimos acordes que produce el pasto al crecer.

Seis días después nos juntamos con algunos de los otros tres grupos que ya sabían lo que es canela (o del amargo elíxir). E hicimos comunidad, cofradía y todo. Ammo hizo un bello diaporama de tomas fotográficas de las cuatro “generaciones de sanpedristas”. Su singular seudónimo se debe a que el día de la ingesta abrazó con devoción a todos, como Amma, la santa de la India que sana con sus abrazos.

Él relata: “apareció mi hombre sutil, el seductor que se observa. Y me dejé llevar por una sensación expansiva. Me dediqué a abrazar infinitamente. Sólo a abrazar y conectarme con mi alma y la de mi compañero. Me dejé fluir sin juicios y experimenté la vida como un regalo. Agradecí con intensidad ese espacio de afecto, simpleza, quietud y contemplación. Agradezco a la vida y al universo por los compañeros de ruta que tuve en la experiencia”.

Cecilia cuenta que, luego de la primera ingesta, su conexión fue con el agua: “con su fluir, nada detiene su paso, se adecua a las diversas formas y fluye entre las rocas y sigue… Encontré la certeza de que todo está bien. Siento que me tengo que dejar fluir, no resistir, escucharme y considerar que tengo el conocimiento necesario para seguir evolucionando”.

Geraldine dice que fue “la montaña vino hacia mí, me hizo el amor, me colmó y me calmó… Sentí cobijo y escalofríos en mi piel… Me expandí: fui semilla y flor en su máxima expresión. Reconocí a San Pedro y me reconocí”.

¿OPIO DEL PUEBLO?

Para nuestro guía, Ricardo, es importante aclarar la intención. Y enfatiza: “la misma física cuántica registra cómo afecta y modifica un simple observador el movimiento subatómico. Si lo extrapolamos al mundo de las creencias, intenciones y nivel de conciencia, nos damos cuenta de que influyen decisivamente en la orientación que toma cualquier experiencia. La expresión de la vivencia desciende de lo sutil hacia lo corpóreo y se decide en el interior para florecer en el exterior. Lo que ocurre dentro de nosotros creará lo que ocurre fuera de nosotros. Aunque nada está controlado, la sabiduría está en mantenerse en el misterio”.

-¿Qué implica esa comprensión?

-Primero, recae un fuerte compromiso y responsabilidad. Mucho más allá de la técnica y la teoría, estamos obligados a revisar permanentemente nuestras intenciones, motivaciones y propósitos para que estos se vayan depurando y imagemadurando hacia una auténtica inspiración compasiva y de servicio. He optado por abordar directamente la intención tanto en el trabajo individual como con grupos. Fomento la toma de conciencia sobre los propósitos a fin de que se puedan conectar en forma responsable y honesta con sus auténticas y más profundas motivaciones. Es maravilloso constatar cómo orientan los procesos que después se desencadenan. Así, verificamos una y otra vez que cada uno cosecha lo que ha sembrado en la intimidad de su corazón y en el silencio de su alma. Cuando el trabajo terapéutico está asentado en intenciones consistentes, se caracteriza por estados sobrios y ecuánimes, muy distantes de extravagancias y distorsiones. Ello no debe confundirse con la seriedad o fomedad, ya que la alegría y el goce son expresiones privilegiadas del espíritu. Otro elemento que considero clave para la distinción es el de la integridad. La psicoterapia transpersonal, más allá de las formas o métodos específicos, debe promover la integración de todas las dimensiones del ser: entre nuestra condición humana y realidad divina, entre nuestra vida cotidiana y espiritual, entre lo social e individual.

-¿Y lo asume todo el mundo?

-Los desafíos que estamos atravesando como humanidad están presionando fuertemente hacia una transformación colectiva de la conciencia y la consecución de este salto puede ser el factor decisivo entre nuestra destrucción o crecimiento evolutivo. La respuesta social en todo este proceso ha sido la enormidad de propuestas y movimientos que se han manifestado en los más diversos campos de la cultura y se engloban bajo el concepto de nueva era. Lo que debemos advertir con sana preocupación es que este nuevo movimiento está fuertemente contaminado por influencias pre-racionales y, por tanto, superficiales, que amenazan su potencial transformador y las posibilidades de construirse como una alternativa auténticamente evolutiva.

-Entonces, ¿cómo distinguir el trabajo terapéutico realmente transformador?

-No es un asunto que se puede resolver a través de leyes o normas, como ingenuamente intenta hacer creer el Ministerio de Salud en su iniciativa de regular el uso de las terapias alternativas. No es posible porque la cuestión de fondo se juega en el plano intencional y ello no se controla mediante disposiciones legales ni certificaciones. El desafío es mucho mayor y nuevamente recae de lleno en el plano de la conciencia individual y colectiva. Estamos plagados de propuestas disociativas que abiertamente tienen un trasfondo regresivo e involutivo. Cuando divorciamos nuestra realidad humana y espiritual, caemos en lo que Marx denunció como “el opio del pueblo”. Lo que no puede ser integrado sanamente a la vida cotidiana carece de significación, es tiempo y plata perdidos.

-¿La responsabilidad es sólo de los terapeutas?

-No, de todos los que participamos de esta maravillosa oportunidad de salto evolutivo. La responsabilidad también recae sobre ustedes, los periodistas y editores, para asumir con rigurosidad el importante rol que juegan es este proceso. Así, creo que tenemos una enorme tarea por delante y buena parte de ella será diferenciar la paja del trigo en todos los campos: educación, salud, ecología…

VIVENCIAS LÚCIDAS

-¿Por qué ingerir San Pedro?

-Este tipo de trabajo es una de las tantísimas formas que existen para explorar la dimensión transpersonal. No me gusta exaltar ningún método y, menos, en desmedro de otros. Yo utilizo diversas técnicas en mi trabajo, porque asumo que no todas son apropiadas para todas las personas ni para todas las necesidades. Sin embargo, me siento especialmente sintonizado y me resulta significativa la energía y conciencia que provee el San Pedro. Simplemente comparto un conocimiento vivo, porque me siento íntegramente involucrado. Los talleres con San Pedro tienen esa viveza, como en  otro momento la tienen mis trabajos con regresiones a vidas pasadas o los de exploración de la muerte.

-Dimageenominas la jornada de ingesta “Honrando la Sagrada Naturaleza” ¿por qué?

-Llevo cinco años viviendo en el Cajón del Maipo y hoy siento muy nítido la poderosa y sanadora influencia del contacto cercano con la naturaleza, al punto de considerarla mi maestra. Y créeme que si esto ha tardado tanto tiempo no ha sido por la debilidad de su sabiduría, si no por la porfía del discípulo. Me siento privilegiado y agradecido de este regalo. Entonces surge en forma natural el deseo de compartirlo con otros. La naturaleza enseña a raudales cuando estamos dispuestos a contemplarla con respeto.

-¿Cuándo fue tu primer encuentro con San Pedro?

-Fue alrededor de quince años atrás y en un contexto muy inadecuado: con un amigo ingerimos la planta sin ninguna preparación previa y con una actitud bastante irreverente. El resultado fue muy duro y doloroso; ambos caímos en espacios bien angustiosos y distorsionados. Fue una gran lección para domesticar mi arrogancia y soberbia. Desde ese entonces he tenido varias oportunidades, en Chile y en Perú, de participar en rituales con ingesta de plantas sagradas guiadas por personas que me fueron enseñando reverencia, humildad y entrega, tan necesarios para entrar en el misterio en forma adecuada… Por supuesto que ese aprendizaje es ahora la fuente de inspiración en mis propios talleres.

-¿Qué es lo distintivo de este cactus?

-Las plantas poseen sus propias cualidades que las hacen propicias para realizar experiencias con determinadas características. Así, en la tradición del Amazonas, el San Pedro encarna el principio masculino, el arte del acecho, y el Ayahuasca, el femenino o el arte del ensueño… Si tuviese que perfilar las principales cualidades de las experiencias con San Pedro diría que se presta especialmente para vivencias lúcidas, al aire libre, donde la conciencia contemplativa se expande muchísimo y la belleza de la naturaleza se revela con majestuosidad. Se experimenta un estado de íntima unión con ella. Además, la mayoría de las experiencias van acompañadas de insights significativos en relación a nuestras vidas. La maestría de San Pedro se caracteriza por llevarnos a espacios de trabajo interno en forma gentil y amable. Las comprensiones profundas emergen en forma suave y natural cuando estamos sintonizados con la entrega y aceptación.

-¿Cómo integrarse desde estados no habituales de conciencia que provee el San Pedro? image

-La conciencia contemplativa que surge con San Pedro convive armónicamente con la conciencia ordinaria, lo que nos  permite un estado de tranquilidad y sobriedad, junto a una plena disponibilidad de nuestras facultades y percepciones habituales. Integrar ambas conciencias permite asimilar la experiencia y aprendizaje en todas sus dimensiones y establece una fluida relación entre nuestra condición humana y espiritual, que después facilita muchísimo incorporarla a la vida cotidiana. La mayoría de los participantes asimilan muy rápidamente su aprendizaje, haciendo cambios y transformaciones que su vida requiere, con la tranquilidad, claridad y fuerza que proviene de un encuentro profundo y natural con la Fuente.

La experiencia de Mercedes G.: “Nunca más he sido la misma”

“Temía perder el control o quedar borrada. Así que me despedí de mi hija diciéndole que se encargara de todo, porque tal vez no volvería a ser la misma.

Una superficie lisa y rocosa nos acogió como un gran útero. Con sorpresa y gozo, escuché unas mujeres cantarinas y vi sus diminutos cuerpos en el agua: eran rollizas, rosadas, alegres… Las nubes eran pequeñas fumarolas que cambiaban con rapidez. Las consulté como oráculo. Pregunté por trabajo y se formó una espada; pregunté por pareja y se formó una cama doble; pregunté por el resto de mi vida y se formó un hada con un largo velo blanco. Tenía los ojos abiertos, no estaba soñando. Comencé a escribir. Y surgió una voz en mi conciencia: ‘tu principal miedo son los afectos, a recibir y dar afecto. No puedes abrazar a nadie, temes abrazar a tu madre, nunca has abrazado a tu padre, ni a tus hermanos, ni a tus amigos, ¿Cuándo abrazaste a tus hijos? ¡Cuando eran pequeños! Tú no permites ese contacto ¿Por qué?’. Algo muy añejo y remoto se removía en mí. El dictado no dio tregua: ‘¿sabes por qué evitas el contacto? Porque no has perdonado. Creíste que sí lo habías hecho, pero enterraste tu dolor dentro de ti y eso no es perdonar. Perdonar es liberarse y tú aun no lo has hecho. Cuando 30 años después le dijiste a tu padre que, a pesar de todo lo ocurrido, lo seguías respetando como padre, suponías que lo estabas perdonando para sacarte de adentro esa mochila de rencor y asco, pero no lo hiciste. Porque aún no te lo permites. No puedes abrazarlo a él ni a ningún otro ser viviente, sin sentir temor. Sientes que el abrazo tiene una connotación sexual. No te das cuenta que lo que más necesitas ahora es un abrazo. Si abrazas estarás dando y recibiendo amor y sufres porque nadie te ha dado amor suficiente, pero tú ¿cuánto das?, ¡por qué esperas recibir si no das! Comienza por abrazar y verás la transformación que se dará en ti y el regalo que le darás a tu vida, por permitir que el amor salga de ti y retorne multiplicado. Vence el temor y abraza al mundo que sabrá llenarte de amor’.

Leí lo escrito a mis compañeros y recibí un gran abrazo de todos. Fue una experiencia inusual de cariño y afecto… Lloré con alma. Sentí que la montaña, el agua, las rocas, los árboles, los pájaros y los cerros acogieron mis lágrimas. Me arrulló la suave brisa del atardecer.

Cuando llegué donde mi hija, le di un largo y feliz abrazo. Mis temores iniciales se hicieron ciertos. Porque desde ese día nunca más he sido la misma. Una seguidilla de sucesos mágicos han acontecido en mi vida, que hasta me parece que el efecto San Pedro se quedó para siempre en mí”.

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Seminario de Terapia Gestáltica

Este breve seminario se propone exponer y experimentar los elementos básicos y fundamentales que sustentan el enfoque gestáltico, a fin de que sus participantes puedan asimilarlos en forma directa, tanto a nivel vivencial como conceptual. En esencia, la invitación es a compartir un encuentro sistemático, en que la formas de interacción, intra e interpersonal, estén orientadas por las directrices propuestas por la terapia gestáltica… así, cada participante podrá ir descubriendo y evaluando, a la luz de su propia experiencia, su grado de afinidad con las propuestas de este enfoque y su capacidad de internalizarlas sanamente a su persona y trabajo (respetando creencias, estilo, contextos, etc.).

Dirigido: a psicólogos y/o terapeutas de cualquier índole que deseen incorporar en su trabajo herramientas básicas provistas por el enfoque gestáltico, abordado desde la perspectiva humanista con introducción a la transpersonal.

Temáticas

- Fundamentos Conceptuales y Directrices Metodológicas de la Terapia Gestáltica.

- Aplicaciones Clásicas de la Terapia Gestáltica: Imaginería, Sicodrama (interno y colectivo), Integración de Sueños, Juegos Proyectivos, etc.

Metodología: seminario experiencial, con trabajos individuales y grupales, que posibilitan la observación y vivencia directa en la aplicación de las técnicas a fin de adquirir un conocimiento práctico y profundo de las mismas. Presentación e intercambio grupal en torno a los elementos teóricos y metodológicos que sustentan las experiencias vivenciadas. Pautas de trabajo personal y orientación bibliográfica en literatura de apoyo.

Diseño Operativo

Duración: 16 sesiones de 3 hrs. c/u

Fechas, Horarios y Lugar: a definir con grupo interesado

Costo: $ 240.000 por participante (+ gastos traslado y estadía)

Cupos: 4 a 6 personas.

Conducción: Ricardo Jiménez O.

Consultas e Inscripciones: e-mail: ricardo.jimenez.o@gmail.com, celular 09-3570771

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Ritual Ingesta de San Pedro

 Honrando la Sagrada Naturaleza

 Sábado 29 de Noviembre 2008 – Cajón del Maipo

Te invitamos a participar de nuestro Ritual de Ingesta del cactus San Pedro que realizamos en un entorno protegido, bello y natural. Una experiencia de tradición milenaria,  para entrar en unión íntima y profunda contigo mismo y la naturaleza, recibir sus enseñanzas y ser bendecidos por su poder. Así viajamos por los mágicos y sagrados senderos de la naturaleza, para encontrar sabiduría y sanación.

“Necesitas que la naturaleza te enseñe y te ayude a reconectar con tu Ser. Pero tú no eres el único necesitado; también ella te necesita a ti.

No estás separado de la naturaleza. Todos somos parte de la Vida Una que se manifiesta en incontaclip_image0021111bles formas en todo el universo, formas que están, todas ellas, completamente interconectadas. Cuando reconoces la santidad, la belleza, la increíble quietud y dignidad en las que una flor o un árbol existen, tu añades algo a esa flor o ese árbol. A través de tu reconocimiento, de tu conciencia, la naturaleza llega a conocerse a si misma. ¡Alcanza a conocer su propia belleza y sacralidad a través de ti!.

Un gran espacio silencioso contiene en su abrazo la totalidad del mundo natural. Y también te contiene a ti”.                                                                      clip_image00241

                                                                           Eckhart Tolle

Diseño Operativo

Fecha: Sábado 29 de Noviembre 2008

Horas: 9:30 a 21:00 hrs

Lugar: Cajón del Maipo

Conducción: Ricardo Jiménez, psicoterapeuta transpersona; y Loreto Frederick, terapeuta y maestra de Reiki. 

Cupos: 10 personas (máximo)

Costo: $ 60.000 (incluye cena final)

Inscripciones: Ricardo Jiménez O. (Celular: 9-3570771)

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