Archive for Diciembre, 2008

“La conciencia es el camino y también la meta”

Ricardo Jiménez, detenido por usar San Pedro en sanaciones.

Por Tatiana Vega P. (Entrevista publicada en revista UnoMismo nro. 229 - Enero 2009)

Una situación judicial puntual nos conmina a una profunda reflexión sobre el derecho a elegir libre, consciente y responsablemente la forma en que queremos sanar y cultivar nuestro cuerpo, mente, alma y espíritu. Del miedo a la libertad y del arte de amar nos habla esta entrevista.

El sábado 29 de diciembre del año recién pasado no fue un día cualquiera en la vida de Ricardo Jiménez y su pareja, Loreto Frederick, en su bucólica parcela del Cajón de Maipo.

“Iniciábamos recién la caminata hacia la montaña un grupo de 7 personas, mi pareja y yo, para realizar un ritual de ingesta de San Pedro, cuando, en cuestión de segundos nos vimos rodeados de personal de la Policía de Investigaciones que aparecía por todos lados… Eran 10 ó 12 policías… A la distancia, un par de camarógrafos grababan el operativo…

“Uno de los policías me apartó del grupo y me informó que había una orden de detención en contra mía y de Loreto y de allanamiento de mi casa por micronarcotráfico de mescalina.

“Me devolví hacia el grupo y saqué de mi mochila las botellas que contenían la cocción de San Pedro, las levanté y se las mostré a los policías diciendo: ‘¡Aquí está lo que buscan, no tenemos nada que ocultar; por favor, tranquilícense’, lo que bajó enormemente el grado de tensión y nerviosismo de todos. Nos devolvimos caminando hacia mi casa.

“Cuando llegamos, se sumaron 2 ó 3 vehículos de Investigaciones que traían equipos, los que fueron siendo distribuidos en diferentes actividades. Unos sacaron sus computadores e impresoras y comenzaron a tomar declaraciones a los participantes. Otros vaciaban gotas del líquido de las botellas con San Pedro en un equipo para medir la presencia de mescalina. Otros fueron revisando minuciosamente todas las habitaciones de la casa mientras otro grupo lo hacía en la parte de afuera y los alrededores.

“Entre nosotros y los policías se fue desarrollando un contacto cada vez más humano y las preguntas que inicialmente emitían en tono acusatorio se fueron formulando en un tono más respetuoso…”

Ingeniero civil de la U. Católica de Chile, con postítulo de Facilitador de Desarrollo Personal e Interpersonal en la Universidad del Mar, Ricardo Jiménez fue socio fundador de la Sociedad Chilena de Desarrollo Personal y miembro del Equipo Técnico de la institución en los programas de Formación y Perfeccionamiento desde el año 1993; se especializó en Terapia Gestáltica y Grupos de Encuentro con Patricio Varas S., y tiene una larga trayectoria experiencial, investigativa y de formación en el campo de la psicología transpersonal, con participación en diversos talleres, cursos, seminarios y congresos tanto nacionales como extranjeros. En la actualidad, además de ejercer su profesión de ingeniero, se desempeña como terapeuta individual y grupal, bajo el enfoque de la psicología humanista-transpersonal.

Expansión de conciencia

Al cierre de esta edición, tuvimos la oportunidad de profundizar en el tema de su detención con el sanador Ricardo Jiménez, hoy en libertad condicional con arraigo nacional.

¿Crees que puede denominarse “droga” al cactus San Pedro? ¿Que puede caber en la misma clasificación que la pasta base, por ejemplo? ¿Por qué no? ¿Qué es para ti, el San Pedro (en cuanto a experiencia)?

La mescalina es, efectivamente, una droga que puede ser extraída del cactus San Pedro o de otra especie llamada Peyote. Por lo que entiendo, ello involucra un procedimiento de laboratorio, que altera la estructura molecular y donde intervienen otros agentes químicos… Creo que el proceso se llama sintetización. Jamás la he probado y desconozco sus efectos.

Otra cosa es una cocción natural y orgánica del cactus, donde las sustancias conservan su estado natural y la dilución del principio psicoactivo es muy alta. Todas las investigaciones indican que su consumo bajo esta modalidad no produce daño cerebral ni adicción; características asociadas a una droga dañina. Más aún, hay estudios y experiencias de aplicación de estas técnicas de sanación en rehabilitación de drogadictos y alcohólicos.

En lo fundamental, para mí, el San Pedro es uno de los tantos vehículos a través de los cuales es posible lograr estados expandidos de conciencia, es decir, estados en que las facultades perceptivas y cognitivas se potencian, sin perder las facultades habituales. Creo que no hay mayor diferencia entre el estado de conciencia que se logra a través del San Pedro y el que se obtiene mediante un trabajo de meditación profunda o técnicas de respiración. Son formas distintas, que requieren metodologías diferentes, pero que finalmente desembocan, en lo esencial, en un estado de conciencia superior al habitual.

La ventaja adicional que proveen las plantas de poder cuando se utilizan en un contexto de sanación es que permiten mantener dicho estado por un período bastante largo (en torno a las 5 hrs) y sin necesidad de estar realizando una práctica especial. En ese tiempo y en ese estado es posible una intervención terapéutica muy profunda y eficaz.

San Pedro es una planta sagrada que abre las puertas de la conciencia superior, lo que metafóricamente en otras tradiciones se simboliza como el portador de las llaves que permiten acceder al cielo.

¿Podrías explicar cómo usas la planta con tus pacientes? ¿Con qué fines?

En el contexto de un trabajo psicoespiritual, los propósitos o intenciones de cada participante son personales y muy variados… y van desde motivaciones psicológicas hasta espirituales, desde resolver un “rollo” hasta tener una vivencia mística.

Mi experiencia en psicoterapia transpersonal -y en eso incluyo cualquier metodología que promueva estados de conciencia expandida- es que la configuración del propósito tiene mucha relevancia, ya que finalmente determinará la dirección y el sentido de la experiencia interna/subjetiva de cada participante. Toda la primera parte de nuestro ritual antes de la ingesta (aproximadamente 2 hrs) está destinada a que cada persona profundice en sus motivaciones e intenciones.

Al momento de hacer la ingesta, cada persona vuelve a focalizar su propósito… Lo que viene después es una entrega para que la conciencia superior de cada participante conduzca el proceso. Durante la experiencia hay intervención terapéutica - individual y colectiva - en las etapas que hemos ido detectando claves, con el fin de supervisar, asistir, apoyar y acompañar a la persona cuando es necesario. Adicionalmente, hay intervenciones individuales ante solicitud del participante o por iniciativa de los terapeutas.

Una de las claves es que se produzca integración y equilibrio entre la percepción-cognición de las realidades externa/objetiva e interna/subjetiva. Este equilibrio garantiza que la totalidad de la experiencia sea bien asimilada por la persona y que, posteriormente, el aprendizaje sea aplicable en su vida cotidiana.

El verdadero poder

Cuando se habla de “plantas de poder”, ¿a qué poder se refiere el término?

Obviamente, al poder de la conciencia. La conciencia expandida abre facultades que no están siempre a nuestra disposición… Cuando esas facultades se orientan a la sanación, su efecto es poderoso.

Hay muchísimos experimentos y de muy diversa índole que pueden ejemplificar estas facultades potenciadas en conciencia expandida, que reitero, no están circunscritos a la ingesta de plantas. Por dar algunos:

- El ritual de la caminata sobre el fuego muestra de manera categórica que el efecto del calor sobre el cuerpo puede ser de índole muy distinta según el estado de conciencia en que estemos. Esto es muy significativo, porque estamos hablando de afectar leyes físicas.

- Las facultades intuitivas y de percepción del “mundo sutil” pueden adquirir una gran potencia y es muy habitual que alguien pueda “adivinar” lo que está pensando o sintiendo otra persona.

- La tolerancia al dolor puede llegar a grados muy altos cuando estamos en estos estados… Hay muchos rituales de raíces indígenas que utilizan este método como una forma de expandir la conciencia. El autoflagelo en la tradición católica y los fakires en la yóguica son manifestaciones de lo mismo.

Se podrían citar muchísimos otros ejemploes, pero para decirlo en una frase: la conciencia es el camino y también la meta.

¿Dirías que tu trabajo es de índole espiritual? ¿Por qué?
Para los que trabajamos en psicoterapia desde la perspectiva transpersonal no hay separación entre lo psicológico y lo espiritual… Los procesos de sanación se abordan desde una compresión unitiva del cuerpo, la mente y el alma.

Esto no tiene nada que ver con la promoción de determinas creencias o dogmas; esa es la parte exotérica de la espiritualidad, materia de las instituciones religiosas o iglesias.

En la perspectiva transpersonal, tomamos las herramientas y métodos que proveen las tradiciones espirituales en su aspecto esotérico, es decir, prácticas que facilitan que cada persona se encuentre con la verdad psicológica y espiritual que emana en forma libre y consciente de su propia interioridad, que por cierto es muy diversa y siempre respetable.

Cuando tomamos una herramienta de alguna tradición, por respeto y gratitud intentamos conservar el mensaje esencial que ha inspirado a dicha tradición. Cuando vamos a la fuente budista, el énfasis estará en desarrollar nuestra conciencia superior para ponerla al servicio de la compasión. En el caso de nuestros rituales, que se inspiran en las tradiciones indígenas, el foco es ‘honrar la sagrada naturaleza como fuente de sabiduría y sanación’… o sea, la naturaleza como manifestación y portal de acceso a la divinidad.

El derecho a elegir

¿Cómo interpretas el hecho de protagonizar este proceso en el contexto histórico chileno actual?

Por una parte, creemos que este juicio sentará jurisprudencia sobre 3 aspectos legales: El uso de las terapias alternativas y complementarias como parte de los tratamientos médicos reconocidos que aportan a la salud; la posibilidad de que profesionales que no tienen título universitario en alguna de las carreras de la salud puedan oficiar como terapeutas en determinadas técnicas, y, tercero, el uso de las plantas de poder con fines psicoespirituales como método terapéutico válido.

Los dos primeros puntos están prácticamente formalizados en nuestra sociedad, ya que hay diversas situaciones que los avalan, como el hecho que en hospitales públicos se esté realizando este tipo de terapias y existan carreras universitarias que imparten esos conocimientos.

¿Qué es lo que está en juego, en realidad, en el trasfondo de esta polémica?

Desde una perspectiva más amplia y profunda, me parece que a nivel cultural el debate versa sobre si nuestra sociedad tiene la madurez suficiente para elegir libre, consciente y responsablemente la forma en que queremos sanar y cultivar nuestro cuerpo, mente, alma y espíritu; en el entendido, claro está, que estas formas no afecten o restrinjan las libertades de otros.

Estimo en alrededor de un centenar las personas que durante estos poco más de dos años han participado de nuestros rituales. Nunca hemos tenido un accidente que sobrepase un porrazo durante la caminata por el cerro, y todos han testimoniado una experiencia positiva y benéfica para sus vidas. Jamás hemos tenido un reclamo y, hasta el momento, no tenemos conocimiento de denuncia alguna. Entonces: ¿qué origina este tremendo operativo policial y periodístico?, ¿Qué hace que una sociedad que institucionaliza la libertad como principio fundamental reaccione tan radicalmente ante un hecho de tan pequeña escala y con propósitos de sanación?

La respuesta última que llega a mi conciencia cuando me planteo esto coincide con el título del clásico de Erick Fromm: “El Miedo a la Libertad“. Para los que trabajamos en el campo del desarrollo de la conciencia, el miedo es tema frecuente y también raíz de la mayor parte de nuestras limitaciones psicológicas. No podía ser de otra manera, porque como decía el viejo Perls, es obvio que una sociedad neurótica promueve la presencia de la neurosis en los individuos y que individuos neuróticos tenderán a crear estructuras igualmente insanas.

Las raíces del miedo son siempre emocionales. Sabemos que se gesta en las etapas tempranas del desarrollo y que opera desde el inconsciente por el resto de la vida mientras no salga al descubierto. Es en el seno de la familia donde se aprende a temer… son las interacciones familiares insanas las que siembran esta pérdida de confianza en el otro y motivan las actitudes que coartan la libertad propia y ajena.

Si nuestra meta es la libertad, nuestro obstáculo es el miedo, tanto a nivel individual como social. Efectivamente, si reconocemos nuestros temores, lograremos ver que tras la violencia, ya provenga de personas o instituciones, hay niños heridos y asustados; y ello puede conducirnos hacia la verdadera puerta de salida a este círculo vicioso – de agresión y miedo - en que nos encontramos atrapados como humanidad. Curiosamente, esa puerta finalmente corresponde también al título del otro clásico de Fromm: El Arte de Amar.

Entonces, con una mirada aún más amplia y generosa, podremos simbolizar en este proceso la oportunidad de retribuir a la sociedad que nos ha cobijado, lo que por años hemos estado aprendiendo en las modernas catacumbas del mundo alternativo… nuestro pequeño y humilde aporte a esta transición desde una cultura del miedo hacia una cultura del amor. Donde los seres humanos podríamos relacionarnos entre nosotros con la misma naturalidad y confianza con que nos paseamos por un jardín - rico en variedad de especies, colores, aromas y formas-, para reconocer que en esa diversidad radica, precisamente, la riqueza y belleza de la humanidad.

Para ello solo debemos entregarnos a las transformaciones - internas y externas, individuales y colectivas - que la vida nos va indicando… entendiendo que ellas son sólo parte de un orden universal que nos trasciende.

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Ceremonial de Enteógenos

jueves 4 de diciembre de 2008


Comentario a propósito de la detención del sanador Ricardo Jiménez.

Ingesta Ceremonial de Enteógenos con Fines de Sanación…
¿Farsa o Realidad?
Comentario a propósito de la detención de Ricardo Jiménez

Por Matías Méndez López
Escuela de Psicología, Universidad Diego Portales
Santiago de Chile

La detención del sanador Ricardo Jiménez y su socia es un hecho lamentable, pero existe un elemento que la convierte en una oportunidad sin precedentes: abre la posibilidad para plantear el debate acerca de la validez del uso terapéutico de las plantas de poder (más conocidas como “alucinógenas”) en nuestro país, una agenda que había permanecido restringida a un grupo extremadamente reducido de la población, y cuya lógica pivotea entre los polos del prejuicio y el fanatismo. Esta opción que se nos abre para dar cabida a una reflexión fundada en hechos y experiencias es una bendición que no podemos dejar pasar, pues aunque la resistencia de parte del sistema es potente, hay muchas personas cuyo espíritu no los abandona a la hora de defender la tradición y la sabiduría que sustenta el milenario arte de sanar por medio de las medicinas enteogénicas.
El término “enteógeno” es un concepto acuñado por el etnobotánico Carl Ruck para designar a aquellas especies vegetales que al ser consumidas en contextos ceremoniales permiten a los participantes acceder a estados no-ordinarios de conciencia. El historiador chileno Cristián Vergara Oliva (1996, pág. 39) comenta: “Antes que el especialista de Grecia, Carl A. P. Ruck, propusiera el término enteógenos para designar aquellas sustancias vegetales que, cuando se ingieren, provocan una experiencia divina, eran mal denominadas alucinógenas, psicodélicas, psicotomiméticas [que generan estados o experiencias similares a la psicosis], etcétera”.
Una “alucinación” es una experiencia sensorial que no encuentra asidero en la realidad. Es decir, consiste en ver, oír, sentir, oler o probar algo que no existe. Históricamente, desde la perspectiva psiquiátrica y psicológica tradicional de occidente, se ha considerado que los efectos que produce la ingesta de especies vegetales como el San Pedro (Trichocereus Pachanoii), los hongos mágicos o “niñitos de luz” (Psilocybe cubensis y otras variedades) o el Ayahuasca (Banisteriopsis caapi) sobre la experiencia sensorial de quien las consume son alucinógenos, y que las visiones que emergen en su campo perceptual no son más que fantasías creadas por las reacciones electroquímicas de un sistema nervioso alterado.
Actualmente existen numerosas investigaciones que, viniendo del campo de la psiquiatría y la psicología clínica, sostienen que dichos efectos “visionarios” tienen nada que ver con lo anterior. Reconocidos investigadores como Stanislav Grof, Roger Walsh y Richard Noll, entre otros, han dado cuenta en sus trabajos que las visiones producidas por la ingesta guiada de plantas de poder distan de ser meras alucinaciones, sugiriendo que su verdadera naturaleza y origen radica en elementos de la conciencia humana mucho más profundos y trascendentes que la “volada” que describen los miopes estudios del “main stream”. Son estos estudios los que avalan el uso del término “enteógeno” en remplazo de “alucinógeno”, y a continuación veremos el por qué de esta sugerencia.
Vergara (op. cit., pág 39) retoma la idea explicando que “en un sentido muy amplio de la palabra, cada una de estas sustancias es una droga, pero hay que evitar el error sistemático de confundirlas con aquellas drogas que inducen al deseo físico de su repetición o que embotan los sentidos como el alcohol o los sedantes. Oficialmente están clasificadas como alucinógenos, un término increíblemente inexacto, puesto que aquellas sustancias no producen sensaciones imaginarias”.
Volviendo atrás, veíamos que las sustancias enteógenas son aquellas que “provocan una experiencia divina” en quienes las ingieren ceremonialmente. Más o menos desde los años ’60 en adelante ha existido un amplio interés por el estudio riguroso de los fenómenos psicológicos asociados a las diversas prácticas espirituales que se desarrollan en todo el mundo a lo largo de la historia de la humanidad. Desde la psicología, el movimiento humanista-transpersonal ha sido el encargado de llevar la bandera de lucha de esta opción teórica, metodológica y epistemológica, impulsando interesantes estudios sobre el potencial curativo de las así llamadas “experencias cumbre” (siendo Abraham Maslow uno de los primeros investigadores en formular un marco teórico sobre el tema) o “experiencias místicas”. Dichos estudios han ido aumentando tanto en número como en calidad (tanto en términos de rigurosidad metodológica como de precisión teórica) durante las últimas décadas, decantando en un nutrido corpus de conocimiento científico que actualmente permite comprender, al menos en parte, aquél fenómeno que más arriba identificábamos como experiencias de encuentro con “lo divino”.
Stanislav Grof es quizás el investigador más reconocido y respetado en el ámbito del estudio científico de las experiencias transpersonales (más allá de la “persona”, más allá del ego) de conexión con las dimensiones trascendentes de la realidad. Médico psiquiatra, fue uno de los primeros profesionales en incursionar en el uso clínico del LSD, diferenciándose de otros médicos quienes, siendo contemporáneos a él, no supieron llevar adelante un programa serio y responsable del uso de dicha droga en contextos terapéuticos.
Grof ha desarrollado una larga trayectoria investigando los fenómenos de “expansión de la conciencia” que ocurren durante estados profundos de meditación, ejercicios de respiración (presentes en varios sistemas religiosos de oriente y occidente), técnicas corporales, entre otras “tecnologías de lo sagrado” (Grof, 2002). Por “tecnologías de lo sagrado” Grof se refiere a todas aquellas técnicas o prácticas que inducen estados mentales que van más allá del funcionamiento “normal” de nuestra conciencia vigil, y que han sido consideradas históricamente como elementos clave del desarrollo de prácticamente todas las grandes tradiciones espirituales de oriente y occidente. Son estos estados “transpersonales” los que son experimentados por quienes acceden a una “experiencia divina”.
La ingesta ceremonial de enteógenos es una “tecnología de lo sagrado” tan antigua como antigua es nuestra especie. En todo el mundo puede encontrarse evidencia del uso de plantas de poder como parte de rituales de sanación y sacramentales asociados a lo que comúnmente se conoce como “chamanismo”. América del Sur es una región particularmente dotada de poderosas plantas de poder, cuyo potencial curativo ha sido bien explotado por los pueblos originarios de la zona. Una increíble variedad de especies visionarias han sido empleadas como medicinas y oráculos por chamanes, curanderos y brujos, todos ellos instruidos en el delicado arte de sanar por medio de la modificación de la conciencia ordinaria.
El uso del San Pedro por parte de los pueblos andinos es un claro ejemplo de lo anterior. Los hombres de medicina o “taitas” que trabajan con este cactus visionario conocen muy de cerca sus efectos y los usos que se les pueden dar con fines de sanación y desarrollo personal; la inducción de un profundo estado de relajación cuasi-meditativo y la consiguiente agudización de los cinco sentidos que permite esta planta de poder es el trasfondo fenomenológico preciso para llevar adelante un proceso de autoexploración y sanación personal.
Recientemente llevé a cabo una investigación que intenta esclarecer de manera incipiente cómo es que opera la sanación enteogénica desde la óptica de la psicología y la psiquiatría de occidente (Méndez, 2008). Para dicha investigación recurrí a numerosos artículos y libros escritos por profesionales y reconocidos autores de las más diversas áreas del saber (psicología, psiquiatría, antropología, sociología, medicina, botánica, química, filosofía, teología, entre otras disciplinas) con el fin de alcanzar una mirada global (integral) sobre el tema, evitando caer en los reduccionismos que suelen ser la tónica de la mayoría de los estudios sobre el tema. A continuación deseo compartir algunas de las conclusiones a las que llegué tras concluir mi investigación, con el objetivo de animar el debate presentando como estímulo inicial una serie de planteamientos que vienen de una muy extensa reflexión e integración de conceptos y visiones de diversa procedencia, y de un acercamiento empírico al fenómeno de la sanación enteogénica.
En primer lugar, mi trabajo parte del supuesto de que las ceremonias de ingesta enteogénica cumplen una función específica dentro de las comunidades indígenas que tiene que ver con la sanación de los enfermos y el contacto con los espíritus o divinidades. Ambos componentes (medicina y sacramento) son inseparables por cuanto en dichas culturas el proceso salud/enfermedad no se encuentra separado del desarrollo espiritual de los individuos, así como tampoco lo está dimensión alguna de la existencia humana. El chamán o curandero es un personaje que condensa en su persona ambos roles (médico y sacerdote), pudiendo a través del contacto con lo trascendente transmutar la enfermedad en salud y bienestar.
Un segundo supuesto que se sigue del anterior es que dichas ceremonias cumplen efectivamente con su cometido, por cuanto la investigación etnográfica y etnopsiquiátrica devela que los enfermos son sanados tras participar en estos esotéricos rituales. Además, el hecho de que esta clase de práctica se sostenga en el tiempo y además sea transversal a cientos de grupos humanos en todo el mundo dice mucho de su efectividad, dado que una técnica que no funciona tiende a ser descartada o bien reemplazada por una práctica más eficiente.
En tercer lugar, es necesario diferenciar entre el consumo irresponsable e indiscriminado de plantas o sustancias alucinógenas y la ingesta ceremonial de plantas sagradas. La segunda práctica consiste en un consumo guiado por un experto (el chamán, curandero, hombre de medicina, etc.) que se realiza dentro de los límites de una experiencia de sanación, enmarcada a su vez en una cosmovisión particular que avala y justifica el uso visionario de los enteógenos; mientras que la primera consiste básicamente en un uso recreativo y sin un sentido más “elevado” de plantas y sustancias que en otros contextos son consideradas medicinas sagradas. Ahí es donde radica la diferencia entre “droga alucinógena” y “medicina enteogénica”… si bien estamos hablando de las mismas sustancias, el uso que se les da las transforma en los hechos en instrumentos culturales totalmente diferentes.
En relación a lo anterior, Roger Walsh y otros investigadores han descrito dos variables que determinan tanto el formato del consumo como la experiencia que se vive tras la ingesta de una sustancia enteogénica: “Set” y “Setting”. El “set” tiene que ver con la intención con que se lleva a cabo la ingesta, la cual puede versar sobre diversas temáticas: recreación, distracción, sanación, búsqueda de desarrollo espiritual, etc., mientras que el “setting” tiene que ver con el contexto en el cual se lleva a cabo el consumo. Este contexto puede ser una fiesta (donde las intenciones –set– normalmente tienen que ver con fines recreativos y de esparcimiento), una ceremonia de sanación (donde las intenciones apuntan en dirección a un trabajo consciente y profundo de introspección y sanación), etc. En una ceremonia de ingesta, la disposición contextual de los elementos ceremoniales (fuego, participantes, preparación de la medicina, etc.) condiciona una experiencia que, en términos tanto de la vivencia subjetiva del participante como de la vivencia colectiva del grupo que participa del ritual, resulta altamente significativa y sanadora, a diferencia de lo que ocurre en una fiesta, donde el set y el setting determinan que la experiencia no vaya más allá de una “volada” (que, en términos reales, puede llegar a ser extremadamente peligrosa).
Cuando la disposición de los elementos contextuales y la intención de los participantes se alinean en pos de un objetivo que tiene que ver con la sanación y el desarrollo personal, los procesos psicológicos que se ponen en marcha durante una ceremonia de ingesta son muy potentes. Los enteógenos son sustancias que amplifican todas las funciones psicológicas y organísmicas. Así pues, nuestros cinco sentidos se agudizan, así como también lo hace la función propioceptiva de nuestro sistema nervioso que tiene que ver con la percepción consciente de nuestros procesos internos. Nuestros sistemas perceptivos se ven sobrecargados de información real sobre nuestro estado en el mundo que emerge en forma de imágenes, sensaciones corporales y otras formas de sensorialidad. Y es en este gran torrente de información donde radica el potencial curativo de estos estados “expandidos” o “no-ordinarios” de conciencia.
De acuerdo a la psicología experiencial (con Carl Rogers y Eugene Gendlin a la cabeza), nuestro organismo reacciona constantemente a los estímulos del medio, de modo tal que dichas reacciones pueden ser percibidas por nuestra conciencia momento a momento. Cuando nosotros nos percatamos de estas reacciones, podemos acceder a una fuente valiosísima de información acerca de cómo debemos actuar frente a determinados eventos. Eso es lo que algunos llaman desde el sentido común la “intuición”. Desde la psicología humanista, esto se llama “valoración organísmica” (Rogers) o “experiencing” (Gendlin). Cuando atendemos a esta valoración que hace nuestro organismo momento a momento del entorno y sus condiciones, nos encontramos en un estado de conciencia que nos permite adaptarnos sabiamente a las cambiantes situaciones de nuestro medio, puesto que nuestro cuerpo posee de manera instintiva una suerte de “brújula” interna que nos permite orientarnos sin problemas en medio de las vicisitudes de la vida. El perro sabe instintivamente, organísmicamente (intuitivamente) qué alimento es nocivo y cuál nutritivo, aún antes de probarlo. Nosotros podemos acceder a ese entendimiento que es pre-conceptual y pre-racional.
Cuando no estamos en contacto con ese flujo de información organísmica emerge lo que se conoce como neurosis. La neurosis es el desajuste psicológico que nace de la pérdida de contacto con el referente sentido de nuestra experiencia de ser-en-el-mundo y comenzamos a vivir de acuerdo a pautas mentales aprendidas del tipo “los hombres no lloran”, “si lo dice la autoridad debe ser verdad”, “los adultos no se equivocan”, “debo ser perfecto, no puedo equivocarme”, “soy una mala persona”, etc. Perdemos la orientación que nos proveen las sensaciones organísmicas y extraviamos nuestra noción de ser individuos existentes más allá de la mente racional y las pautas que hemos introyectado por nuestro paso por la sociedad.
El fenómeno de amplificación de los enteógenos permite acceder con mayor facilidad a los mensajes que provienen de nuestro organismo, puesto que todas nuestras funciones psicológicas se encuentran en alerta y funcionando al doble de su capacidad “normal” en vigilia. Ocurre acá que gracias a la guía del chamán y la disposición con la que nos acercamos a la ingesta ceremonial de las plantas de poder, podemos acceder a un estado de conciencia donde somos capaces de “focalizar” nuestra atención sobre este contenido que yacía inconsciente en nuestra experiencia organísmica (en nuestra “sombra” diría Jung) para así develar sus significados e ir sanando poco a poco aquellos nudos neuróticos que nos causan dolor y sufrimiento.
De este modo, comprendemos que las plantas de poder pueden ser usadas como drogas, pero también pueden ser empleadas como un medio para obtener notables avances en el proceso de autoexploración que emprende quien se acerca a un psicólogo, un psiquiatra o un sanador “no-convencional”. Hoy son miles de personas las que se benefician de estas prácticas ceremoniales, pero siempre bajo un velo de clandestinidad en vista de que el uso de estas plantas de poder es ilegal en nuestro país y en muchos otros. “Neo-chamanes” como Ricardo Jiménez son perseguidos aquí y en muchas otras partes, producto de la ignorancia y la negativa de autoridades y altos mandos a abrirse a esta nueva información que proveen los estudios que actualmente están a la vanguardia de la investigación sobre la conciencia humana. Desde hace muchos años que existe información disponible en internet y en las universidades sobre la posibilidad de aprovechar los métodos ancestrales de sanación para el beneficio de nuestras comunidades occidentales urbanas. Son cientos de miles los sanadores que en todo el mundo sacan partido a la sabiduría que ha acumulado la humanidad durante siglos de historia ligada a la ingesta enteogénica, dando la posibilidad a tantos otros cientos de miles de sanarse y mejorar significativamente su calidad de vida.
Esto no tiene que ver con sectas, fanatismo, drogadicción ni mucho menos con microtráfico. No hay nada en este tipo de actividades que se asemeje a un engaño o una farsa. Es verdad que está lleno de farsantes y “chantas” que intentan vender experiencias a los crédulos, pero no por ello se catalogará a todos quienes trabajan con plantas de poder como delincuentes y estafadores. El verdadero peligro es la ignorancia de quienes no quieren ver. La verdadera amenaza radica en la resistencia que presenta el sistema ante estas otras formas de sanar, que se alejan de los grandes sistemas médicos oficiales de una sociedad demasiado ensimismada en sus propios procesos de alienación sistemática como para querer ver más allá.
No nos dejemos manipular por la información que presentan los medios de comunicación. Tampoco nos dejemos llevar por lo que nos cuentan los artífices del sistema. Y por favor tampoco se queden tranquilos con los que aquí he escrito. Es preciso informarse y desarrollar una mirada crítica para entender este tipo de cosas que escapan muchas veces a nuestro entendimiento. Nosotros somos los únicos que estamos capacitados para construir nuestras verdades, y no podemos permitir que nos digan qué pensar. Abramos el debate y seamos conscientes de que es posible ver este tipo de fenómenos desde varias perspectivas, y la que he presentado aquí es sólo una de ellas.
Lo importante es decir que esta visión cuenta con un respaldo serio y que no es una idea al aire o una arista de un irresponsable movimiento “hippie”. Estamos discutiendo al mismo nivel que quienes quieren echar abajo la medicina ancestral y no tememos enfrentarnos cara a cara con nuestros opositores, pues entendemos que su visión y la nuestra son sólo dos parcialidades de una realidad mucho mayor que no se agota en un paradigma limitado y miope. En lo personal, entiendo perfectamente la visión de quienes ven en estas prácticas un delito. Sólo pido que ellos también se abran a entender la nuestra.

http://psicologiaperenne.blogspot.com/

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La Causa

Miércoles 10 de Diciembre 2008

En lo que escribí el viernes pasado me refiero a una percepción de que, mucho más allá de una situación personaclip_image002l y de los ribetes jurídicos que este proceso irá poniendo en el tapete de discusión, hay una causa común en la que todos nosotros estamos involucrados. (Demás estará decir que la advertencia de no apropiarse de ella está dirigida especialmente a mi ego y espero de uds. el apoyo en esto, mi mayor riesgo).

Pero, ¿cuál es esta causa?, es lo que reflexioné en mi caminata al cerro el día sábado y quería compartir con uds. En un sentido estricto, lo que se deberá resolver en este proceso es la legitimidad del uso de plantas de poder (o sagradas) con fines psicoespirituales, lo cual ya es bastante. Pero desde una perspectiva más amplia y profunda, me parece que a nivel de nuestra cultura el debate versa sobre si nuestra sociedad tiene la madurez suficiente para ejercer el derecho a elegir - libre, conciente y responsablemente - la forma en que cada uno quiere sanar y cultivar su cuerpo, mente, alma y espíritu; en el entendido, claro está, que estas formas no afecten o restrinjan las libertades y derechos de otros. ¿Es un planteamiento revolucionario?. Claro que no, nuestra Constitución es esencialmente libertaria y declara explícitamente la libertad de Culto, Educación, etc.

Estimé en alrededor de un centenar las personas que durante estos poco más de dos años han participado de nuestros Rituales. Nunca hemos tenido un accidente que sobrepase un porrazo durante la caminata por el cerro, todos ellos han declarado una experiencia positiva y benéfica para sus vidas, jamás hemos tenido un reclamo y, hasta el momento, no tenemos conocimiento de denuncia alguna. Entonces: ¿qué origina este tremendo operativo policial y periodístico?, ¿Qué hace que una sociedad que institucionaliza la libertad como principio fundamental reaccione tan radicalmente ante un hecho de tan pequeña escala y con propósitos de sanación?. ¿Una equivocación?, tampoco, ya que la policía tenía todos lo antecedentes sobre nuestras modalidades y propósitos de trabajo; y aún así decidió intervenir como lo hizo.

La respuesta última que llega a mi conciencia cuando me planteo esto coincide con el título del clásico de Erick Fromm: “El Miedo a la Libertad”. Hace ya mucho tiempo que leí ese libro, pero recuerdo que todo su enfoque es sociológico y que termina con un análisis del fenómeno del nazismo en Alemania, como ejemplo histórico extremo de una cultura sustentada en el miedo.

Para los que trabajamos en el campo del desarrollo de la conciencia, el miedo es tema frecuente y también raíz de la mayor parte de nuestras limitaciones psicológicas. No podía ser de otra manera, porque como decía el viejo Perls, es obvio que una sociedad neurótica promueve la presencia de la neurosis en los individuos y que individuos neuróticos tenderán a crear estructuras igualmente insanas.

Para una aproximación sincera hacia lo sicológico siempre me a parecido más adecuado comenzar por mirar la viga en el ojo propio, que reporta más profundidad y detalle que la paja en el ajeno. Porque debemos de reconocer que aún en las distintas manifestaciones del llamado mundo alternativo, estas tendencias sectarias y excluyentes prevalecen. Por más que pregonemos la libertad y respeto a la diversidad, aparecen conductas que revelan esta percepción de la opción distinta como una amenaza para la propia.

Los que velan por los temas ecológicos y sociales nos acusan a los que trabajamos en el campo de la conciencia de permanecer pegados en una mirada hacia el ombligo. Aún dentro de los que trabajamos en el desarrollo de la conciencia tenemos tendencias a competir entre la infinidad de aproximaciones posibles… el cuento no acaba y lo llevamos dentro. Afortunadamente nuestros desencuentros no se resuelven a golpes o con cárcel, pero igual existen.

Recuerdo que la última vez que vi a Claudio Naranjo – en la presentación de su libro sobre educación – le escuché al pasar una declaración que me sorprendió bastante y que básicamente consistió en reconocer que su automarginación de los grupos identificados con la psicología transpersonal no se debía a los principios fundamentales, los cuales evidentemente compartía; sino a razones personales gestadas en la relación con algunos de sus representantes.

Por mi parte debo reconocer lo mismo, las diferencias ideológicas nunca han sido obstáculo para mantener una comprensión integradora. Esto no es solo teórico, sino que responde a una experiencia directa: como soy curioso, e indagado y explorado por muchas aproximaciones posibles dentro del campo de la conciencia y, salvo excepciones, lo que más encuentro son similitudes y coincidencias; por más que algunos se empeñen en destacar las diferencias. Me siento tan cómodo en un Ritual Chamánico como en una práctica de yoga, meditación, encuentro de biodanza o entonando cantos sagrados. Puedo reconocer diferencias de estilo y énfasis entre el Cristianismo, Budismo, Sufismo, Taoísmo y las tradiciones indígenas, pero para mí, el mensaje fundamental es siempre el mismo.

De aquí provienen mis simpatías con Ken Wilber - con quién compartimos una formación en las ciencias duras y su lenguaje abstracto (que a muchos exaspera) me resulta fácil de entender – pues su modelo es el más amplio y abarcativo que me ha tocado conocer. Pero incluso del modelo de Wilber mantengo una posición de adhesión teórica parcial, ya que no logra incluir en forma completa enfoques que en mi experiencia han sido muy importantes, como son la Astrología y el mismo Chamanísmo.

Entonces, al igual que Claudio, debo reconocer que todos mis tropiezos en la vinculación con otros campesinos que labran y cultivan en el campo de la conciencia tienen raíces relacionales y afectivas.

Todo esto para desembocar en lo obvio: las raíces del miedo son siempre emocionales y cuando nos enredamos en discusiones ideológicas solo estamos encubriendo el fondo del asunto; lo que es equivalente a decir que en un clima de confianza siempre lograremos el buen entendimiento y en la desconfianza jamás lo haremos. El entendimiento no tiene nada que ver con la coincidencia de visiones u opiniones, eso es imposible en la diversidad de experiencias, perspectivas y niveles de conciencia que coexisten en la especie humana… el entendimiento tiene que ver - en palabras de Humberto Maturana- con el respeto y aceptación del otro, así, tal como es y distinto a mi.

Sabemos que el miedo se gesta en las etapas tempranas del desarrollo, principalmente en la infancia y opera desde el inconciente por el resto de la vida hasta que no salga al descubierto. En definitiva, para la gran mayoría es en el seno de la familia donde se aprende a temer… son las interacciones familiares insanas las que siembran esta pérdida de confianza en el otro y motivan las actitudes que coartan la libertad propia y ajena.

Días antes de este incidente me encontraba reflexionando en este asunto desde una perspectiva positiva: las implicancias que tendrá en nuestra sociedad la configuración legal del delito de violencia intrafamiliar. Su aplicación es aún débil y encubierta de tabúes, pero confío que mas temprano que tarde las restricciones del marco legal irán dando frutos a mayor escala para poner atajo a los abusos que engendran el miedo.

En mi opinión y por así decirlo, las raíces sicológicas del nazismo las encontramos en el libro autobiográfico de Hitler (”Mi Lucha”), donde con un orgullo y admiración patológica, describe los castigos de su padre que lo golpeaba hasta aturdirlo, toda vez que no cumplía con sus expectativas. Así el pequeño Adolfo aprendió el miedo que gobernó su vida y desde allí desarrolló su fobia y persecución a toda una raza que se esforzó por extinguir. En términos más técnicos: los judíos representaban para Hitler su propia sombra, su parte “inferior” que fue cruelmente maltratada por su padre; y su proceder solo reprodujo esa conducta que él terminó por imitar y admirar.

Pero retomando al tema central, la conclusión de toda esta larga vuelta es muy simple: si nuestra meta es alcanzar la madurez para ejercer una libertad conciente y responsable, nuestro obstáculo es el miedo que nos mantiene anclado en los estadios infantiles; y esto rige tanto a nivel individual como social. Creo que si asumimos completamente esto, podremos sintonizarnos con el flujo del Tao cuando dice:

“Sus enemigos no son demonios, sino seres humanos como el mismo.

El no les desea daños personales…

Entra en el combate gravemente, con pesar y gran compasión.”

Si efectivamente reconocemos nuestros propios temores lograremos ver que tras la violencia - de personas o instituciones; propia o ajena - hay niños heridos y asustados; y ello puede conducirnos hacia la verdadera puerta de salida a este círculo vicioso – de agresión y miedo - en que nos encontramos atrapados como humanidad. Curiosamente, esa puerta finalmente corresponde también al título del otro clásico de Fromm: “El Arte de Amar”.

Entonces, con una mirada aún más amplia y generosa, podremos simbolizar en este proceso la oportunidad de retribuir a la sociedad que nos ha cobijado,  lo que por muchos años hemos estado aprendiendo en las modernas catacumbas del mundo alternativo… nuestro pequeño aporte a esta transición desde una cultura del miedo hacia una cultura del amor. Donde los seres humanos podríamos relacionarnos entre nosotros con la misma naturalidad y confianza que nos paseamos por un jardín - rico en variedad de especies, colores, aromas y formas- para reconocer que en esa diversidad radica, precisamente, la riqueza y belleza de la humanidad.

Para ello solo debemos entregarnos a las transformaciones - internas y externas; individuales y colectivas - que la vida nos va indicando… entendiendo que ellas son solo parte de un orden universal que nos traciende.

Estoy haciendo mis mejores esfuerzos por vivirme así este proceso. Golpearon fuerte la puerta de mi modesto templo, me sentí violentado y muy dolido… con humildad, temor y temblor respondo: !estoy disponible!

Ricardo

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Rectificaciones Informativas

Esta entrada está destinada a aquellas personas que pudieran estar interesadas en informarse más verás y objetivamente de los hechos vinculados a este proceso. Dado el ejercicio irresponsable de la profesión que han mostrado varios periodistas en complicidad con sus respectivos medios de comunicación, es comprensible que muchas de ellas estén confundidas o hayan internalizado prejuicios respecto a un trabajo terapéutico que tiene tradición milenaria y es considerado sagrado para quienes lo practicamos.

1. Desde el año 90 y paralelamente a mi oficio de Ingeniero, realizo actividades vinculadas a la psicoterapia y el desarrollo personal. Un mayor detalle de mi formación y experiencia se encuentra en este mismo sitio.

2. Dentro de mi trayectoria formativa, en el Perú tuve la oportunidad de experimentar personalmente y adquirir conocimientos sobre técnicas de sanación realizadas con el apoyo de la ingesta de cocciones de especies vegetales, que tanto en Perú, Brasil y Ecuador son de uso frecuente. Entre ellas, las que utilizan un cactus conocido con el nombre de San Pedro (que no es lo mismo que la especie conocida con el nombre de Peyote) y que contiene un principio sicoactivo llamado mescalina.

3. El cactus San Pedro se desarrolla en forma natural y abundante desde Centro América hasta la zona norte y central de nuestro país; tanto es así, que resulta posible encontrarlo en espacios públicos (plazas), jardines de casas particulares y a disposición para la venta en jardines y centros comerciales (Easy, Jumbo, Homecenter, etc.).

4. La preparación de la pócima terapéutica no involucra la extracción del principio psicoactivo (mescalina), sino solo una cocción en agua de algunas partes del cactus. Así como tomarse un té no es lo mismo que ingerir el estimulante llamado teína, y beber una infusión de hojas de coca no es lo mismo que consumir cocaína; la ingesta de la pócima obtenida por cocción de San Pedro no es lo mismo que ingerir una droga llamada mescalina.

5. Las investigaciones realizadas en poblaciones indígenas que consumen con alta frecuencia estas pócimas, indican que ellas no generan adicción ni daño cerebral alguno. Existen variadas experiencias y estudios de la aplicación de estas técnicas de sanación para rehabilitación de drogadictos y alcoholicos.

6. Las conclusiones que pude obtener de mi experiencia directa con este tipo de técnicas de sanación vinieron a confirmar los resultados de una gran cantidad de investigaciones científicas que se han realizado sobre esta materia, como por ejemplo las desarrolladas por el connotado psiquiatra chileno Dr. Claudio Naranjo, que entre muchas otras actividades a sido consejero asesor del Ministerio de Educación. En síntesis, los resultados indican que el trabajo psicoterapéutico se potencia enormemente, en profundidad y eficacia, cuando se apoya con la ingesta de estos vegetales, suministrados en dosis adecuadas y con el debido acompañamiento terapéutico.

7. En el año 2006 tuve la oportunidad de colaborar con un reportaje denominado “La Ruta del Ayahuasca” y que fue publicado en una revista nacional de circulación pública (Revista Paula Nro. 954). Si bien el principio psicoactivo del ayahuasca es distinto al de la mescalina, su uso con fines terapéuticos y tipificación en la legislación chilena es de carácter similar. En dicho reportaje se publican declaraciones de funcionarios públicos vinculados al control de estas sustancias en nuestro país. Así, el siquiatra Mariano Montenegro, del área de rehabilitación del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE) afirma lo siguiente: “Como lo que se toma es una combinación de plantas, lo que está proscrito no es el ayahuasca sino el DMT [alcaloide]… no tenemos evidencia de consumo problemático ni ningún paciente en rehabilitación por consumo de ayahuasca”; y el subcomisario Eduardo Labarca, de la brigada antinarcóticos de la Policía de Investigaciones dice: “… entendemos que es una droga que se usa en rituales de sanación. Su consumo en Chile es menor y está focalizado… Nadie la usa para divertirse, sino para curarse”.

En definitiva, las declaraciones de estos funcionarios dan a entender, clara y explícitamente, que las restricciones legales no están referidas a las cocciones vegetales y eventualmente podrían regir solo ante un uso indebido o abusivo de las mismas.

8. Todo lo anterior me motivó a que hacia fines del año 2006 incorporara dentro de mi oferta de servicios terapéuticos los Rituales de sanación, que incluían la ingesta de pócimas del cactus San Pedro y con la colaboración de mi pareja Loreto, de profesión Ingeniero Agrónomo y también de amplia trayectoria y formación en el ámbito de la terapia. Toda mi oferta de servicios terapéuticos, incluidos los Rituales los promocioné en forma abierta y pública a través de mi sitio Web (www.ricardojimenezo.cl) y avisos publicados en la revista Uno Mismo, de circulación nacional y pública. En el año siguiente nuestros trabajos terapéuticos en los Rituales fueron difundidos a través de un amplio y detallado reportaje que se publicó también en la revista Uno Mismo (Nro. 211-Julio 2007), cuyo texto incorporé a mi sitio Web, a fin hacer una divulgación más completa y transparente de nuestro trabajo.

9. Jamás a estado en nuestras intenciones mantener en secreto o clandestinidad nuestro quehacer profesional en el ámbito de la psicoterapia. Toda labor realizada por la policía de investigaciones - que a incluido intervención de mi teléfono celular y correo electrónico, seguimiento secreto de las actividades realizadas en nuestro rituales, allanamiento de mi hogar y la detención - solo han podido recopilar la evidencia que demuestra lo mismo que he informado y asumido en forma abierta y pública, desde el inicio de mis actividades. En este contexto podemos comprender que los criterios de control del uso de pócimas vegetales hayan cambiado en estos últimos meses, pero nos resulta incomprensible el tremendo operativo – policial, periodístico y judicial- que se ha desplegado en este caso, primero en la historia de nuestro país.

10. Como se podrá verificar en toda la información que proporcionamos para dar a conocer nuestras actividades, nuestro trabajo está rigurosamente exento de connotaciones sectarias y de asociaciones a determinadas creencias religiosas, pues nuestra posición al respecto es que cada persona se encuentre con la verdad psicológica y espiritual que emana en forma libre y conciente de su propia interioridad, que por cierto es muy diversa y siempre respetable.

11. Jamás hemos incurrido en la extracción y/o distribución y/o comercialización de la mescalina y el cobro que hacemos por la participación en estos Rituales son para cubrir el tiempo profesional invertido, además de los gastos operativos asociados al mismo.

12. Efectivamente estaba en posesión de un revolver no inscrito, que voluntariamente informé a la policía cuando fui consultado por ello. El arma y 50 municiones me fueron obsequiados por un mendocino en 1988 y, según me enteré el día del allanamiento, no se ingresó legalmente al país. En el transcurso de 20 años he disparado 5 veces el arma, con el fin de emitir ruido que ahuyente posibles delincuentes. Asumo mi negligencia e imprudencia de no respetar la ley de control de armas.

13. Durante todo el operativo policial mantuvimos una actitud de colaboración con la policía de investigaciones, lo cual fue correspondido por la mayoría de sus funcionarios que tuvieron la sensibilidad e inteligencia para comprender que no estaban enfrentando ninguna situación delictual, lo cual se manifestó con un trato respetuoso y digno hacia nosotros.

 

Entendemos que este hecho puntual abre un debate sobre asuntos mucho más profundos que las circunstancias personales de los involucrados. Hacemos un llamado a la conciencia de los profesionales que trabajan en los medios de comunicación para que, en lealtad con su misión de transmitir a la sociedad información responsable, aporten con una difusión seria y fundamentada a esta discusión; y que finalmente este debate pueda conducirnos hacia el enriquecimiento de nuestra cultura.

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En los momentos difíciles…

A mis familiares, amigos y amigas. Viernes 5 de Diciembre 2008.

Han sido tantos los llamados y mensajes de apoyo y cariño en estos días que me ha resultado absolutamente imposible responder personalmente a cada uno, tal como hubiese querido.

Estuve a punto de hacer una declaración pública, indignado por la tergiversación y distorsión de información que han hecho la mayoría de los medios de comunicación, pero gracias a la experiencia de mi abogado y paciencia de la Lore, he optado finalmente por conectarme con la parte bella de todo este proceso y quisiera invitarlos a todos a entrar en ese mismo espíritu. He recibido tanto gesto de amor que no puedo menos que estar agradecido.

Esta semana me he sentido bendecido y voy a contarles porqué:

Entre mis ex compañeros de colegio se armó una cadena con mensajes de afecto y cariño, lo cual sorprendió mucho por el largo tiempo sin vernos y la confianza que aún conservan de mi persona. Les respondí a todos con un mensaje de saludo y agradecimiento; pero al cabo de un rato, uno de ellos, que sin duda está en dificultades para aceptar esta situación, me contestó lo siguiente: “que opina tu amante?”.

Me dolió, así como me dolió el allanamiento de mi hogar, la destrucción de mi jardín, la detención mía y de Loreto y las declaraciones ofensivas - para mi persona, mi trabajo, mi pareja y mis pacientes - que se han vertido en los medios de comunicación… mi corazón se endureció y mi mente se llenó de posibles respuestas a tanta agresión.

Al día siguiente, mientras hacía mi práctica de yoga, me volví a conectar con el dolor, pero algo interno se transformó y surgió una nueva respuesta para mi compañero de antaño. Es esta:

“Estimado XXX

Gracias por tu consulta porque ha sido el puente para conectarme con un sentimiento y reflexión más profundo.

En general la palabra amante se utiliza en términos despectivos pero a mi es una palabra que me encanta y refleja exactamente mi relación con Loreto: solo nos une el amor que fluye en libertad, no hay obligaciones ni contratos formales. Si aún quedaba algún rastro de duda o miedo en nuestra relación, creo que se quedó en el sótano del edificio de la policía de investigaciones, donde pasamos una noche inolvidable encerrados en una celda y abrazados tiernamente, en el lugar más inhóspito que nos ha tocado en nuestras vidas.

No tenemos hijos de sangre juntos, pero ambos compartimos un sentimiento de pa/maternidad cuando tenemos el privilegio de acompañar a una persona en un proceso de transformación profundo que inicia una nueva etapa en su vida. Incluso nos sentimos abuelos, como por ejemplo con una pareja de jóvenes profesionales que se mantenía indecisa a tener hijos y después de un Ritual de San Pedro se entusiasmaron tanto que a los pocos meses estaban esperando mellizos.

¿Como no sentirnos plenos y orgullosos de ejercer este oficio de terapeutas que abre las puertas para que el amor entre en la vida de las personas?

Un abrazo y espero haber respondido tu inquietud

Ricardo”

Esta pequeña experiencia de transmutación del dolor me ha llevado a reflexionar, y en un sentido entender, el desafío que tengo por delante y me atrevo a hacerlo extensivo a todos uds., porque sé que muchos se sienten identificados con esta situación. Además objetivamente es así, porque este proceso no tiene precedentes en chile y, como dicen los abogados, generará jurisprudencia.

Ha llegado el momento de mostrar y defender nuestras convicciones y derechos ante una parte de la sociedad, que aún teniendo mucho poder, teme a la libertad y reacciona con agresión porque se siente amenazada… si lo hacemos con rabia en el corazón solo cosecharemos mayor división. Llegó el momento de actuar pero debemos hacerlo en plena congruencia con lo que proponemos… la filosofía perenne, en su esfuerzo por condensar en forma simple el mensaje esencial y profundo de todas las tradiciones espirituales, nos propone los tres caminos fundamentales: el del Amor, la Verdad y la Belleza. Bien sabemos que para estar conectados en esa frecuencia debemos expandir nuestra conciencia y liberarnos de nuestros propios miedos y resentimientos.

Para los momentos difíciles a mi me gusta la imagen del guerrero y me lo imagino así: embebido de la fuerza y coraje que proviene del espíritu; con un gran escudo forjado en la confianza y fe indestructible; con la filosa espada de la conciencia superior que corta implacable la ignorancia; y con una lanza con punta de amor penetra dulcemente en las corazas más duras. Muy poderoso en su fuero interno, manso y preciso en su actuar.

Si esta imagen los convoca, los invito a fundirnos con ella… en poco rato tendríamos un ejército invencible. Para ello hay dos condiciones ineludibles: primero, nadie puede proyectar esta imagen en otro, cada uno debe asumir su propio poder; y segundo, nadie puede apropiarse de esta causa porque es la causa de todos los que queremos un mundo mejor.

Durante la noche que pasé en la celda, en varias oportunidades desperté y me llamó la atención que, pese a estar en un sótano, el ambiente se me tornaba apacible y luminoso… no tuve la menor duda, la energía de luz y amor que muchos de ustedes enviaron esa noche se filtró entre los barrotes y nos protegió de la incomprensible humillación. Esta es la principal y más poderosa arma que disponemos y la estaremos invocando durante este proceso, toda vez que la necesitemos. ¡Contamos con Uds!

Un abrazo para todos y cada uno… y como dicen los Jedi: “que la Fuerza nos acompañe“.

Ricardo

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