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Espiritualidad Indígena y Plantas Maestras

Por Ricardo Jiménez O. (Publicado en Revista UnoMismo Nro.230 - Febrero 2009) 

Una aproximación a la espiritualidad indígena que establezca puentes hacia el positivismo puede ayudar a abrir caminos de entendimiento y promover un diálogo fecundo hacia el común horizonte de una comprensión más amplia de la realidad.image

He estado buscando puentes de encuentro entre quienes valoramos el trabajo terapéutico con apoyo de las llamadas plantas de poder y quienes discrepan de esta alternativa por considerarla peligrosa o atentatoria contra la salud física o psíquica.

Un punto de partida fácilmente observable es que la línea divisoria entre ambos bandos se establece entre quienes hemos tenido la experiencia directa y quienes no. Entre estos últimos se incluyen algunos que se han aventurado a la exploración de forma inadecuada y han terminado en lo que vulgarmente se denomina “mal viaje”, atribuyendo el “fracaso” a la sustancia y no al contexto, la forma y el propósito con que se ingiere.

Siguiendo el pensamiento de Ken Wilber, esto tiene su origen en que el desarrollo de la psicología moderna –humanista y transpersonal– en Occidente ha utilizado en forma privilegiada la experimentación directa como vía de conocimiento, apoyándose para ello en la fenomenología. Su razón es muy clara y evidente: el foco de atención de la psicología es el mundo interno y subjetivo, al cual sólo podemos acceder sumergiéndonos en él y experimentándolo. Por este motivo, también, la alianza entre la psicología transpersonal y las tradiciones espirituales se produce a través de la veta esotérica de estas últimas, que provee los métodos y prácticas para experimentar las realidades espirituales.

En nuestra cultura occidental, el concepto de ciencia está fuertemente cargado hacia el positivismo, que busca su fundamentación en las realidades externas y objetivas. El diálogo entre ambas aproximaciones se hace insostenible, porque los métodos de validación de cada una de ellas son totalmente distintos: uno se sustenta en la vivencia subjetiva consensuada, y el otro, en mediciones empíricas y objetivas. Cada uno de los bandos descalifica al otro.

El camino del entendimiento requiere un acto de generosidad que trascienda la legítima defensa de las opciones personales y descubra la necesidad del “oponente” para invitarlo a participar de una nueva perspectiva más amplia que permita el encuentro. Un punto de partida es asumir que quienes estamos muy identificados con la exploración de la conciencia por la vía experiencial hemos descuidado el desarrollo de la ciencia psicológica y espiritual en sus aspectos objetivos y, con ello, contribuimos a ensanchar la grieta cultural que nos separa e impide un diálogo fecundo.

Quisiera, entonces, hacer una presentación al tema del desarrollo de la conciencia y la espiritualidad indígena, incorporando elementos objetivos simples, que pudieran contribuir a un debate constructivo.

¿Alucinaciones o realidades?

Un ejemplo muy simpleimage, restringido a la facultad de percepción del mundo físico, pero muy ilustrativo: Supongamos que  estamos en una sala y los invito a mirar una pared de color azul que está al fondo. Si les pregunto qué color ven, la respuesta será unánime: azul.

En seguida, toman una copita de San Pedro y, al cabo de una hora o más, les reitero la pregunta. Les aseguro que la respuesta ya no sería la misma: la mayoría seguiría viendo el azul como predominante, pero junto a él verían otros matices y brillos enriqueciendo la experiencia perceptiva.

¿Qué pasó…? El juicio que habitualmente surge es: ¡Están alucinando!, especialmente de alguien que no ha bebido la pócima y observa a este grupo de “locos” describir una simple pared azul como un cuadro rico en tonalidades y brillos.

Pero hay dos elementos objetivos que hacen dudar de esta calificación de la experiencia: primero, entre los locos habría una sorprendente coincidencia en la descripción de la pared y, segundo, si en ese momento entra a la sala Picasso, lo más probable es que esté completamente de acuerdo con la descripción que hacen los locos.

Entonces, ¿cómo nos explicamos que diferentes alucinadores puedan coincidir en sus supuestos delirios? Y más aún, ¿por qué alguien que no ha bebido la pócima alucinógena puede compartir esa misma realidad?

La respuesta que se ha ido tejiendo en Occidente, tras muchos años de investigación y experimentación, puede sintetizarse en dos puntos: Primero, la conciencia humana no es rígida ni predeterminada, sino que se puede desarrollar y expandir utilizando métodos diseñados para ello. El punto de encuentro de las tradiciones espirituales es justamente ése: todas proveen herramientas prácticas –ya sea meditación, oración, posturas corporales, pautas respiratorias, ingesta de plantas u otras – para acrecentar la conciencia. Hay mediciones que permiten correlacionar los estados de conciencia con modificaciones cerebrales, tales como la aparición de nuevas pautas de conexión neuronal a medida que se accede a niveles superiores de la conciencia.

Y segundo, el estado de conciencia influye en las facultades perceptivas y cognitivas del individuo en relación directa: a mayor nivel de conciencia, mayores capacidades. He aquí también una posible explicación a la conclusión a la que han llegado en forma unánime los investigadores en neurociencia: los seres humanos sólo utilizamos una parte ínfima del potencial cerebral… y, bajo esta mirada, agregaríamos: ya que el resto sólo se activa en estados de conciencia superior.

En base a estos dos elementos podemos entrar a responder las interrogantes que quedaron planteadas del ejemplo anterior: la ingesta de la planta indujo una expansión de conciencia en los participantes, lo que habilitó facultades que no están disponibles en estados de conciencia ordinarios. No se trata de alucinaciones, sino de percepciones completamente reales, pero que requieren de una agudeza visual muy fina, tanto como la que obtuvo Picasso tras muchos años de ejercer su oficio de pintor.

El poder de la conciencia

A diferencia de la veta exotérica, cuya atención se focaliza en aspectos doctrinales que son patrimonio institucional de las iglesias, el desarrollo de técnicas para acrecentar la conciencia ha sido, históricamente, dominio de las tradiciones espirituales en su vertiente esotérica o mística, las que por milenios han cultivado muy celosamente las artes esotéricas, orientadas y aplicadas fundamentalmente a la sanación y al crecimiento espiritual.

Sin embargo, las facultades que se abren en niveles superiores de conciencia no están restringidas al área psicológica y/o espiritual. No son pocos los científicos modernos que han encontrado inspiración para sus teorías en ceremoniales amazónicos, validándolas posteriormente en sus laboratorios.

Existe un ritual chamánico llamado “caminata sobre el fuego”, presente en diferentes tradiciones indígenas, que consiste en transitar a pies descalzos por una superficie de cinco o más metros de largo, cubierta por brasas ardientes. En el mundo y la historia, sumamos millares las personas que hemos experimentado la alteración de una ley física accediendo a un estado de conciencia superior. Este ritual demuestra en forma categórica que el efecto del calor sobre el cuerpo se torna inocuo cuando la conciencia así lo determina. image

¿No será ésta una buena pista para responder a las muchas interrogantes que aún permanecen  abiertas ante la   magnificencia de algunas obras realizadas por culturas antiguas? Porque aún no es posible explicar cómo las culturas  inca, maya y egipcia lograron construir sus grandiosos templos o sus monumentales pirámides, respectivamente. Lo que sí sabemos es que la fuente de energía requerida para modelar y movilizar esos enormes macizos rocosos es incomprensible e inaccesible para los actuales paradigmas tecnológicos. Esos pueblos tenían formas para expandir su conciencia y con ello, la posibilidad de trascender paradigmas y acceder a recursos que están más allá de la mente puramente racional que hoy gobierna nuestra ciencia.

En los ámbitos sutiles

Cuando nos adentramos en los mundos de la mente, el alma y el espíritu, la posibilidad de hacer traslaciones hacia lo objetivo se hace muchísimo más difícil y compleja, debido a que dichos ámbitos son realidades más sutiles, y las posibilidades de medición empírica se restringen considerablemente. Así, por ejemplo, nadie pondría en duda la relevancia del amor en la salud psicológica y la realización espiritual, pero al mismo tiempo, resulta ridícula la sola idea de medir el amor y mucho más el disponer de un instrumento para ello. Sin embargo, hay algunos indicadores que pudieran aproximarse, como serían las alteraciones bioquímicas benéficas que se producen en el organismo cuando experimentamos el amor (mayor cantidad de endorfinas, por ejemplo).

Para confrontar más radicalmente este punto, ayudaría cuestionarse sobre el testimonio dejado por seres cuya conciencia se ha elevado por niveles superiores al común de los mortales. Tomemos, por ejemplo, a San Francisco de Asís y su conocida capacidad de comunicación con animales, a quienes atribuía una relación de hermandad. Si calificamos su conducta desde el entendimiento que provee la psiquiatría clásica, tendríamos que diagnosticar una psicosis (estado de quiebre con la realidad). Pero, para cualquier persona que haya experimentado un estado de conciencia expandido, aún muy por debajo de las alturas del santo, es evidente que la realidad que él describe no constituye un delirio sino una hermosa facultad adquirida por un místico incuestionable.

(subtítulo:)

Entre los extremos

El hecho que el desarrollo de las técnicas para acrecentar la conciencia históricamente se haya producido bajo el amparo de las tradiciones espirituales obedece a un orden superior, ya que éstas proveen los marcos valóricos y éticos que dan mayor garantía para encauzar evolutivamente los enormes poderes que se habilitan en los estados de conciencia expandidos. Sólo seres humanos sanos –de cuerpo, mente, alma y espíritu –pueden usar y administrar poderes ilimitados con sabiduría y bondad.

Cuando estos poderes han sido utilizados motivados por ambiciones, se cae en la profanación de lo sagrado. Cuando se alteran los procedimientos y los propósitos con que se usan las artes esotéricas, los resultados son siempre involutivos. El poder al servicio de las pasiones es finalmente destructivo. La red del narcotráfico es el peor ejemplo de ello.

En el otro extremo y como reacción a lo anterior, surge la actitud sacrílega, que desconoce lo sacro de una práctica esotérica y la condena o prohíbe. ¿Como se sentiría un practicante católico si alguien censurara el ritual de la misa por promover el alcoholismo? Suena absurdo, pero es lo que sentimos quienes practicamos un ceremonial indígena con fines de sanación y las sustancias utilizadas son calificadas de droga que amenaza la salud.

Entre ambos extremos, debemos encontrar formas y actitudes que permitan encauzar evolutivamente las prácticas de desarrollo espiritual, que día a día se hacen accesibles a mayor cantidad de personas. A nadie se le ocurriría proscribir la teoría de la relatividad, aún cuando sus primeras aplicaciones dieron origen a las peores matanzas de la humanidad. El desafío es orientar el uso de la energía nuclear hacia fines constructivos.

La encrucijada

Todas las tradiciones espirituales indígenas o chamánicas han encontrado su fuente de inspiración honrando la naturaleza como manifestación de lo sagrado. A través de una relación íntima y muy profunda con lo natural se cultivan las dimensiones trascendentes. Es por ello que en dichas culturas encontramos manifestaciones sorprendentes y aún inexplicables de su arquitectura, agricultura y medicina. A través de sus prácticas espirituales, han develado muchos misterios del mundo físico y biológico que aún son inaccesibles para nuestra ciencia.

No quisiera caer en una idealización ingenua de las culturas más primitivas, ya que no desconozco que sus doctrinas estuvieron impregnadas del pensamiento mágico y mítico, lo que se plasmó en expresiones tan aberrantes como el sacrificio humano y finalmente hizo inviable su continuidad histórica. Lo que quiero rescatar es el valiosísimo legado de conocimiento de la biosfera que dichas culturas poseen y que alcanzaron mediante sus prácticas esotéricas, donde las plantas maestras juegan un rol fundamental. Esto equivale a valorar el importante aporte del misticismo cristiano, diferenciándolo de las atrocidades cometidas por la iglesia católica durante la Inquisición.

image El punto se vuelve especialmente crucial si recordamos que la llamada “crisis global” en la que se encuentra la humanidad converge justamente en una amenaza para los ecosistemas y hace insostenible el desarrollo con las actuales tecnologías y métodos de producción. La supervivencia del planeta requiere de un salto sustantivo hacia tecnologías basadas en nuevos paradigmas, que muchas culturas indígenas conocieron y aplicaron.

Todo ese conocimiento será inaccesible mientras se mire con desprecio la espiritualidad indígena, porque la arrogancia y sensación de superioridad jamás nos permitirán llegar a aquellos hombres sabios, que normalmente moran en modestas construcciones rodeadas de un entorno virginal. La humildad es la puerta de acceso a los poderes de la conciencia…y ése ha sido un rasgo distintivo de todos los grandes maestros que han pisado la Tierra.

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Las Leyes cuestionables

Por Alejandro Celis H., Psicólogo Transpersonal y director del Instituto de Expansión de la Conciencia Huimagemana

(Publicado en Revista UnoMismo Nro. 230 - Febrero 2009)

Se dice que el gran Lao Tsé se estaba alejando de la civilización, “cansado de la necedad de los hombres”, cuando fue  detenido en la frontera por un discípulo, quien le puso como condición para dejarle ir, que dejara un legado escrito, lo que dio origen al invaluable Tao te Ching.

En Grecia, la sociedad contemporánea de Sócrates no pudo tolerar que hablara libremente su verdad, pues “corrompía a la juventud”, por lo cual terminó bebiendo la cicuta.

Salvo escasísimas excepciones, que por cierto no son visibles en el mundo actual, los individuos suelen ser más sabios que la sociedad que les rodea. EEUU e Inglaterra invadieron Irak impunemente, quebrantando decisiones de la ONU; muy pocos chistaron y todo siguió como si nada. Ministros y Presidentes de este país siguieron tomándose fotos sonrientes con Bush o Condoleeza, como si fuesen ciudadanos ejemplares y no criminales internacionales; Blair tiene ahora un importante puesto en la ONU y por sus conferencias cobra precios altísimos…

Durante la Dictadura, los opositores intentaron por todos los medios derrocar a un gobierno que institucionalizó el terror y la tortura en el país, pero en ese contexto los opositores fueron catalogados de “terroristas” y de “vulgares delincuentes”; y hasta nuestros días persiste la discusión respecto a la legalidad o ilegalidad de sus actos. En nuestros días, los iraquíes que se siguen oponiendo al invasor yanqui –porque eso es lo que es- aún son tratados como “insurgentes” y “terroristas” por prácticamente todos los medios. Lo mismo ocurre en nuestro país con los pueblos originarios que demandan sus tierras, robadas por los invasores blancos con violencia y subterfugios.

Situaciones anormales, gobiernos dictatoriales, legisladores ineptos, corruptos o simplemente estúpidos o ignorantes, siguen dando motivo de discusión respecto a la ley. Obviamente, la ley es la ley, y quien la viola se arriesga a las peores consecuencias. Pero, como hemos visto, a veces la ley es abusiva dependiendo de quien la aplique; y en otras, se aplica la ley al débil pero no al poderoso, quien parece tener libertad para hacer lo que le venga en gana.

Los pueblos originarios de este continente no iban a misa antes de la llegada de quienes los exterminaron, el “descubridor” español; su forma de conectarse con la espiritualidad fue utilizando, entre otras cosas, las plantas que crecían en su entorno. Sus chamanes descubrieron los poderes sanadores y transformadores de muchas de ellas, las que siguen siendo utilizadas hasta el día de hoy para una variedad de dolencias; y en países como Perú, incluso para sanar la adicción al alcoholismo o a la cocaína. El indígena altiplánico masca hojas de coca para acostumbrarse a la altura, tal como debe hacerlo el visitante occidental con el mismo fin; poca relación tienen estas hojas con el destructivo clorhidrato de cocaína, invento recreacional del Occidente y no de los indígenas.

Más allá de las plantas estrictamente medicinales –muy generosamente abundantes en Chile- existen en el continente americano plantas mediante las cuales los pueblos originarios se conectaban con su espiritualidad, y por tanto las han considerado sagradas por siglos: el peyote en México, diversos tipos de hongos distribuídos por toda América, la ayahuasca y una diversidad de otras en la selva del Amazonas, el San Pedro en el desierto atacameño, el chamico o datura en varios países, el canelo en Chile y muchas, muchas otras. La verdad es que lo que los occidentales llamamos, en nuestra ignorancia, “drogas alucinógenas” (sin distinguirlas en nada de los monstruos químicos que nuestra sociedad ha creado) son tan numerosas que prácticamente habría que cubrir de cemento la Madre Naturaleza para eliminarlas.

Diversos antropólogos y psicoterapeutas se interesaron muy tempranamente en estos ceremoniales indígenas, existiendo registros de este interés desde el siglo 19. En la primera mitad del siglo 20, literatos y psicoterapeutas ahora famosos –como Havelock Ellis, Aldous Huxley, Stanislav Grof y Claudio Naranjo- experimentaron y estudiaron en profundidad sus efectos. Todos valoraron entusiastamente su enorme potencial terapéutico y transformador, constituyendo una muestra más del creciente interés que los occidentales sensibles han tenido desde tiempo atrás por las culturas precolombinas.

En nuestro país, sin embargo, actualmente se encuentran penados el cultivo y “tráfico” (regalando o proporcionando a otros a cambio de algo) de la planta del cáñamo (cannabis), del San Pedro, del ácido lisérgico y del hongo que contiene psilocibina, todos con efectos relativamente similares. La ley prohibe estas sustancias, tratando a los infractores del mismo modo como trata a delincuentes comunes que matan, roban, violan, asesinan o trafican con sustancias –como la cocaína, heroína o pasta base- que destruyen el cerebro de niños y adolescentes. Es realmente vergonzoso que los legisladores que dictan leyes de este tipo tengan este nivel de ignorancia y prejuicio respecto a lo que deciden; a mí me producen desaliento y vergüenza ajena, la verdad, porque si bien considero que estas sustancias deben ser tratadas con respeto y sobre todo con un nivel adecuado de información respecto a sus efectos y a las precauciones que deben tenerse, no producen adicción ni perjuicio alguno si se cumplen esas condiciones.

A fines de Noviembre 2008 hubo arrestos, con gran publicidad y entusiasmo por parte de la prensa amarilla, de dos personas que dirigían rituales con el cacto San Pedro. Los medios hicieron su fiesta y supongo que los sectores más recalcitrantemente conservadores del país también, versión moderna del populacho que mandaba los cristianos a los leones. Se anunció triunfalmente que “se habían arrancado los cactos”… pobrecitos. ¿Pensarán arrancar también todos los del desierto de Atacama, así como los yanquis han deseado erradicar la planta de la coca? Repito: es una desgracia que todos nos hallemos sometidos a leyes y a legisladores tan ignorantes.

Se mencionó en la prensa que estas personas son terapeutas transpersonales. Es cierto que se adscriben a esta corriente, a la que yo también adhiero; mi posición al respecto es ambivalente, pues si bien la ley –por estúpida que sea- es la ley y lo razonable es respetarla, en los orígenes de esta corriente, en que estas sustancias eran enteramente legales, se verificó su enorme potencial terapéutico. Y es debido al Imperio, que propulsó su prohibición –tal como prohibió el alcohol en algun época y en general ha tenido un comportamiento tan caprichoso como el de un niño de cuatro años- que el resto del mundo (siguiendo el juego de “Simón dice…”) se encuentra en esta absurda situación. ¿Cuándo dejaremos de ser colonia gringa y pensaremos, estudiaremos y obtendremos nuestras propias conclusiones en forma independiente? ¿O el próximo paso es que nos pongan una base militar –como en tantos otros países- en un futuro próximo?

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La experiencia del Dr. Claudio Naranjo

En Junio de1994 y en el contexto del Congreso de Psicología Clínica, el psiquiatra chileno Dr. Claudio Naranjimageo C. dictó  una conferencia titulada “Acerca de las fuentes de mis aportes a la psicología”, donde relata además de otras vivencias, sus experiencias personales explorando con sustancias psicotrópicas. A continuación un extracto de su charla, en los párrafos y preguntas relacionados con “alucinógenos”.

Charla

Y la segunda influencia fue mi primera experiencia psicodélica importante -lo digo así porque yo había sido conejillo de Indias aquí en la Clínica Psiquiátrica: en una ocasión fui inyectado con ácido lisérgico (LSD) -una dosis no demasiado grande, 75 microgramos-, y puesto en una cámara oscura que se había construído para experimentos en deprivación sensorial con perros (risas). Pero en fin, era una aproximación a una situación de mínimos estímulos y había tenido una experiencia de interés filosófico. Por ejemplo, había muchas espirales, todo era espiral, y estas espirales me parecían fascinantes, y tuve muchos pensamientos sobre las espirales. O, si estaba alerta, si estaba mirando mi pensamiento, no ocurría nada, no había nada de que pudiera hablar. Pero si no me ponía a mirar, pasaban muchas cosas, pero después no recordaba nada. Eso me dio mucho que pensar… cosas un poco intrascendentes, desde el punto de vista de lo que puede ser la experiencia con uno de estos alucinógenos fuertes.

Entonces, eso me había motivado: era algo interesante, pero no había sido una experiencia transformadora. Y aquí me encuentro con un gran terapeuta, especialista en el manejo del ácido lisérgico: Leo Zeff, que se había venido de la clínica de Menninger. Un Junguiano de la clínica de Menninger -claro que ése es esencialmente un lugar de Freudianos- y un hombre que no publicaba ni le interesaba publicar, un hombre de gran corazón, y era un verdadero maestro en el manejo de este recurso terapéutico. Eran las postrimerías de mi tiempo allá en la Universidad de California: estaba allá, como digo, en un estudio sobre valores, haciendo análisis factorial de los valores y de las preferencias estéticas -cosas muy de la psicología clásica-. Me encuentro con este hombre -me impresiona-, un hombre que tenía además la formación de rabino, un hombre muy religioso; y era una coyuntura de mi vida en que tenía que tomar una decisión en relación con mi vida amorosa. Pienso, “Esto va a ser muy importante”, le pido una sesión, y esa sesión fue una experiencia muy profunda que me dejó conectado con otro nivel de mí mismo: fue un efecto sanador muy extraordinario.

Esa única inmersión en mí mismo tuvo su paraíso y su infierno. Es algo que a la salida me dejó con una nueva confianza en mí mismo, con una sensación que yo expresaba diciendo que “había puesto el pie en el camino”: y es que no sabía más, pero sabía que a cada paso sabría lo suficiente para poner el pie en el siguiente paso. Es como una confianza de caminar un paso a la vez, confianza en mis propios recursos; y desde ese momento, desde la salida, desde el día siguiente de esa única experiencia, supe que yo podía servir para la psicoterapia “y antes sabía y había probado que no servía: es decir, de vez en cuando me salía por casualidad”, como he explicado. Entonces, supe intuitivamente que ahora, este estado interior de más contacto conmigo mismo y con mi intuición, era algo que me permitía dar algo.

Y eso se combinó con la aventura siguiente en mi vida: ya había organizado una expedición al Putumayo -un río que es un afluente del Amazonas, que corre entre Colombia y Ecuador-, porque me había interesado en el yagé, que es una planta alucinógena de los indios. Este es un interés que ya venía siguiendo a través del libro de un explorador, Cunningham, que había escrito un libro que se llamaba Yo también fui cazador de cabezas. Fue alguien que fue adoptado por una tribu de cazadores de cabezas, se casó con varias de las mujeres de la tribu -porque son polígamos- y atravesó la iniciación de los guerreros: y allí le dieron este brebaje extraño y tuvo una experiencia…esencialmente, de heroísmo. En la ceremonia de iniciación de los guerreros se usan los azotes; y, al ser azotado, él desplegó una actitud de desafío ante el dolor, que a mí me llamó la atención -porque yo he sido muy sensible al dolor físico y psíquico-. Era un sentimiento de invulnerabilidad en que le decía al personaje disfrazado, alado, al demonio -pero claro, encarnado por un iniciador- que lo azotaba, “¡ Dame más !¡ Dame más !”, como queriendo probar su ir más allá del cuerpo.

Y yo, como cobarde constitucional, porque fui siempre un conejo de nacimiento -es una cosa biológica eso de ser conejo- (risas) ¡ Probado! Más adrenalina, más reacción de huída-. Pensé, “Qué buena sería una droga que a uno lo haga más heroico”, aunque fuera como para aprender qué es eso. Y me propuse llegar hasta a arriesgarme entre los cazadores de cabezas para conseguir ese remedio contra la cobardía (risas). Y con Humberto Maturana tuvimos un proyecto de ir a cazar un insectívoro raro por ahí en la selva, como pretexto para conseguir una beca que nos permitiera llegar donde estos cazadores de cabezas (risas). Total, no resultó eso, pero muchos años después, cuando estaba en el Museo Botánico de Harvard, veo un rótulo que dice, Exposición especial: Botánica Económica -no sabía que existiese ese ramo- pero veo distintas plantas con sus productos. Allí está el opio con sus cuarenta alcaloides en distintos frasquitos, está la planta de la coca con su alcaloide, muchas de las plantas medicinales -el curare, la digitalis-.

Y entre tantas plantas, veo una liana retorcida y un pequeño apartado que dice “La naturaleza botánica de los narcóticos malpigiáceos de Sudamérica” y en él, una fotografía de indios azotándose, con lo cual supe que la planta que yo buscaba ya estaba identificada botánicamente. Me propuse hablar con el curador del Museo Botánico, y resultó que él mismo era el autor de ese apartado: había estado doce años haciendo trabajos de campo en Colombia y otros países Sudamericanos. Ya tenía aclarado mucho: me puso en contacto con los indios que le ayudaban a recolectar plantas…así que a la vuelta de mi beca a Estados Unidos, me fui a conocer a estos indios y conseguir algo de yagé. El yagé es algo que se usaba en la formación de chamanes. Cuando yo hablaba con los chamanes en castellano -porque algunos de los indios ya estaban bastante españolizados, no se necesitaba siquiera intérprete- hablaban de estudiar medicina: “Se usa el yagé para estudiar medicina”. “¿ Y cómo se estudia medicina ?”. “Bueno: hay que aprender a entender los propios sueños”.

El yagé tiene mucho que ver con el desarrollo de la intuición: se puede decir que es un alucinógeno, en un sentido muy amplio de la palabra, pero no produce alucinaciones. Lo que pasa es que, a ojos cerrados, se facilita mucho ese tipo de fantasía que se maneja, justamente, en la fantasía dirigida: una fantasía en que uno está plenamente consciente, sin trastornos de la identidad ni diferencia en la actitud emocional ni cambio de juicio: es un mundo simbólico muy exaltado, pero muy espontáneo. Y a través de ese mundo simbólico se pueden aprender cosas: se puede contemplar este mundo e incluso entender cosas de uno mismo y de la realidad. Los indios dicen que ésa es su manera de aprender sobre las plantas, sobre la naturaleza, sobre los animales. Lo usan en la cacería, para desarrollar capacidades parapsicológicas. Así que me entusiasmó bastante el mundo del yagé, y cuando regresé a Chile planteé una investigación que usaba, en forma comparada, el yagé y la mezcalina, que era otro alucinógeno conocido. Venía, sin embargo, de mi apertura interior a una capacidad terapéutica, y me había encontrado con personas en estados de consciencia más libres, más fluidos, de una gran potencialidad terapéutica: estados en que es como si se disolviera el ego transitoriamente, y se pudiera recomponer un poquito diferente. Empecé entonces a hacerme psicoterapeuta, por primera vez de veras. Empecé a nadar en este territorio nuevo.

En el curso de los años, esta investigación sobre el yagé me llevó a la psicofarmacología durante un tiempo, cuando publiqué un libro llamado The Healing Journey (El Viaje Sanador). Allí hablo como lo solía hacer hasta hace poco: para hacer más aceptables mis ideas: “Ya todos sabemos tal cosa”. Así que presenté una serie de fármacos como si ya estuvieran en circulación; pero en realidad, me tocó descubrir muchas cosas nuevas. En esa época sólo habían tomado yagé los indios: era cuestión de curanderos que recién estaba entrando en contacto con las poblaciones blancas. Ocasionalmente, los blancos venían a curarse con ellos; pero esto no había sido traído al mundo clínico. Aquí, en Santiago, en casa de una amiga chilena, Nieves Yankovic, estaba hablando de mi hallazgo de las posibilidades terapéuticas del yagé y contando cómo produce imágenes arquetípicas características de tigres y de serpientes. Estaba presente en esa ocasión el ex cónsul británico en el Congo. Me dijo, “Ah, lo que usted cuenta es muy parecido a lo que en el Congo se conoce mucho: que los hechiceros se transforman en leones. Incluso he escuchado la historia de alguien que le disparó a un león, pero después se encontró con que el hechicero había sido muerto de un balazo. La gente piensa, en el Africa, que los hechiceros verdaderamente se transforman en leones”.

Entonces pensé, “¿ No será que ésta es una historia que parte de la vivencia subjetiva de la transformación del chamán en animal ? Porque así me parece que fuera el caso en Colombia, en Venezuela, en Brasil, en lugares donde se consume el yagé: las personas dicen transformarse en jaguares. Ahora, cuando yo tomé, no me transformé en jaguar: vi un tigre dibujado por Draco Maturana, un amigo con un gran talento para dibujar. Hacía unos dibujos muy simpáticos, un poco a la Rousseau -pero un poco más sofisticados, en realidad-. Me había regalado un tigre de mucho colorido: cuando fui mi propio conejillo de Indias para probar el extracto de la planta, lo que vi era un tigre de caricatura. Estaba muy lejos mi instintividad de ser tan sana como para poder sentirme tigre: veía al tigre de lejos. Los indios recorren todo un proceso; y también, cuando iban blancos a curarse de cosas tan diversas como el asma o la estitiquez -porque vienen por enfermedades psicosomáticas, sobre todo- muchas veces, los indios -que conocen a los blancos y cuán lejos están de su mundo instintivo- los amarran a un árbol, porque si no salen corriendo cuando se encuentran con los tigres y las serpientes.

En todo caso, cuando yo le cuento esto a este Cónsul, él me cuenta la historia de los africanos y, naturalmente, me interesé por ver qué sustancia pudiera ser; y después de poco leer, me doy cuenta de que hay un producto en la planta que se llama iboga que se supone que produce un estimulante similar al café y que los indios usan para sus bailes. Yo pensé, “Creo que ese estimulante es un poquito más que el café: tal vez los blancos piensan eso, pero lo que ellos están sintiendo con eso debe ser un poco más”. Así que me informé en la literatura y vi que había estudios sobre la ibogaína -este alcaloide- solamente en la vagina de la rata y en el intestino del conejo. Así que fui mi conejillo de Indias una vez más para ver si en la corteza cerebral del hombre intacto producía la ibogaína algún efecto subjetivo, además de los efectos que se sabía que tenía en el músculo liso. Entonces, tomé ibogaína y ahí fue mi acto creativo de tirarme al abismo, creyendo en mi intuición que estaba frente a algo ya conocido por los indios por centenares de años.

Tuve una experiencia en que todo el mundo giraba en órbitas perfectas: la armonía de las esferas, todo era una gran danza, todo era un Gran Homenaje a lo Divino; y en esta danza, en esta Gran Celebración que era el Universo, había un punto negro al centro -que era yo- que no se movía (risas); y yo estaba allí como queriendo saber algo, pero sin meterme. Y es como si se me hubiera dado la libertad de tocar el interruptor e incorporarme a esa danza. Tenía las palabras mágicas en la boca -”Hágase tu voluntad”-, y con esa entrega a la voluntad cósmica yo lo estaría pasando mejor, pero había la posibilidad de que la voluntad divina fuera que yo no fuera nada, que fuera polvo: y no me atreví (risas). Y tuve como tres minutos de libertad para tener la mano en este interruptor, y después fue un bad trip (mal viaje): fue una película tipo Walt Disney, con conejitos, con cosas intrascendentes. Pero le tomé mucho respeto a la ibogaína, y cuando se me invitó a la Primera Conferencia Mundial sobre Alucinógenos, organizada por la Universidad de California, -una gran conferencia interdisciplinaria, en que había una antropóloga, un profesor de religión comparada -Houston Smith-, el poeta Allen Ginsberg, Tim Leary -que después produjo tanto escándalo- y Alpert y otros; en fin, los pioneros del ácido lisérgico en ese momento. Se me invitó a eso y yo no presenté nada sobre el ácido lisérgico, sino que mi descubrimiento en ese momento fue la ibogaína, planteando que era -así como del ácido lisérgico se decía que era un facilitador del aquí y ahora-, yo dije que la ibogaína era un facilitador del allí y entonces: una gran posibilidad de redigerir escenas de la infancia.

Había descubierto dos alucinógenos -también la armalina, pues aunque los indios conocieran el yagé, me tocó descubrir que este alcaloide en particular funcionaba en distintas combinaciones-. Se me ocurría que el sistema nervioso estaba lleno de caminos distintos; y que este estado interno de flexibilidad, de posibilidad, de mayor maleabilidad, podía ser facilitado en distintas direcciones. En Estados Unidos se había hecho tabú el asunto de los alucinógenos, porque hubo todo un fenómeno social de abuso que fue el resultado de la reacción a este clima prohibicionista que ha habido allí ya desde el intento de prohibir el alcohol. Se produjo una criminalización creciente de todo este ámbito, así que yo me encontré con una posibilidad muy especial aquí en Chile, con las manos libres, auspiciado por la Universidad de Chile para trabajar en una serie de productos que Schulgein -un químico de gran talento para la síntesis con quien me topé en Estados Unidos, y que ahora se está haciendo muy famoso- estaba sintetizando en el laboratorio.

Así que hubo un período en que me dediqué a esto, que fue otro estímulo para mi exploración de formas de psicoterapia e integración de las cosas que iba recibiendo en California. Así que fue, por una parte, investigación psicofarmacológica: ver qué fármaco produce tal cosa en los seres humanos en una situación experimental; pero, por otra parte, era investigación terapéutica -cómo puede manejarse el estado mental que produce esto, que produce aquello-. El más importante de los fármacos que encontré en esa época fue el MDA, que fue el precursor de uno que ahora circula con el nombre de éxtasis, que es la misma cosa pero con una pequeña modificación química que lo hace menos tóxico. Creo que tiene un gran, gran potencial terapéutico; y en Suiza y en otras partes se está investigando, se está reabriendo la investigación en Estados Unidos después de una época en que el establishment norteamericano se cerró rotundamente, confundiendo una cosa con otra, confundiendo los alucinógenos mayores con estos fármacos derivados de la anfetamina, que son en realidad muy inofensivos y de un potencial terapéutico que es una vergüenza menospreciar.

Preguntas

Ps. Alejandro Celis: Tú decías algo respecto a que las distintas sustancias psicodélicas habían sido metidas en el mismo saco con otras cosas -como las drogas “pesadas”, obviamente más peligrosas-. (Sí.) Y que eso se está revirtiendo…

Dr. Claudio Naranjo: En Estados Unidos, en este momento, el Servicio de Salud afortunadamente está cambiando de política: digo “política” subrayando la palabra, porque Bush y Reagan verdaderamente hicieron suya una posición que recordaba un poco la del antisemitismo alemán. Es una posición de decir “los jóvenes tienen la culpa de todos los males, y la contracultura y las drogas hacen que la gente deje de adherir a la Vieja Buena Moral”. Es como ese rearme moral norteamericano, el Moral Majority, que es una minoría -por suerte-; ese movimiento tan conservador anti-droga parece haber sido una manipulación política, de distraer, así como las grandes tiranías distraen con el fútbol para que la gente no piense demasiado en lo que está pasando, también se distrae con “el gran problema de las drogas”. Y se muestran helicópteros llenando de gases los campos de cocaína en Bolivia: a cada rato, los programas de TV americanos muestran que el verdadero enemigo está allá.

Y ahora se está dando vuelta eso, gracias sobre todo a que el jubilado Albert Hoffman -descubridor accidental del ácido lisérgico- desde su jubilación está tomando una posición más activa con los terapeutas de Suiza. Suiza hizo excepción a esa recomendación de la OMS de drogas prohibidas; dijeron, “No, nosotros queremos investigar un poco más. Aquí hay metilendioxianfetamina que parece que hace bien a la psicoterapia, está aquí la ibogaína, que hay que conocerla más, y hay esto y lo otro”. Y entonces hay una serie de drogas en estudio; y Estados Unidos está empezando, también; sólo que la burocracia que hay que atravesar para llegar a poder tener un estudio aprobado es tan desagradable que yo, personalmente, no lo haría.

Ps. Luz María Alliende: ¿ Estás optimista con esta Humanidad ? ¿ Hacia dónde crees que va?

Dr. Claudio Naranjo: Siento que, así como citaba que en matemáticas un criterio de buena demostración es la elegancia -aunque no podemos saber el futuro-, sería elegante pensar que esta gran construcción que es la evolución de la Vida no va a terminar en nada. Toda esta evolución de la Humanidad es una evolución, por una parte, y una regresión por otra. Es una evolución acoplada a la evolución de un parásito, que es la neurosis colectiva. Paralelamente ha habido una evolución de la cultura y de la enfermedad. Entonces, yo diría que el árbol de la Vida es, socialmente, un árbol que no ha llegado a dar fruto, a florecer como Humanidad. Somos un árbol retorcido que ha podido sobrevivir su propia miseria: ese clima permanente de injusticia, de empobrecimiento del terreno, de esto y lo otro. No suena como un bonito plan del Arquitecto Divino que esto termine en una explosión, así que tiendo a pensar, mesiánicamente, que a medida que va muriendo la cultura milenaria patriarcal -el espíritu de la civilización, tal como la hemos conocido- está naciendo otra cosa que no va a ser un aborto.

No podemos saberlo, pero hay que actuar como mejor se puede. Y actuar como mejor se puede es una cosa compleja: sería tema para toda una conferencia. No es actuar como si supiéramos lo que tenemos que hacer, tampoco. Hay una muy buena frase de Max Neef: él decía, “Derivar en estado de alerta; unir con lo que está pasando creativamente, sin que nuestros planes y nuestros conocimientos supuestamente interfieran en forma excesiva con lo que nos va presentando el momento -con creatividad y con benevolencia-”. Lo que más falta, yo diría, es la transformación individual, porque ya se sabe que lo político no basta; las transformaciones sociales han sido, hasta ahora, todos abortos. Los políticos nunca han podido dar lo que han prometido: el sistema no permite que se pueda hacer un cambio desde fuera. Aunque los marxistas decían, “Necesitamos a un Hombre Nuevo para un Mundo Nuevo”, se descuidó eso en la práctica. El espíritu militante activista es un espíritu muy poco psicológico.

Así que yo creo que una sociedad sana sólo puede ser constituída de individuos sanos, y que el mayor acto político del momento es el acto de auspiciar, de fomentar el cambio individual. Una especie de alfabetización en el sentido de saber qué hay que hacer, para entender lo que pasa y para entenderse a sí mismos, como punto de partida.

Ps. Ana María Puga: Escuchándote en relación al uso y a la prohibición del uso de los alucinógenos, quiero preguntar tu opinión en torno al legítimo y legal uso de otros fármacos que se usan de una manera extendida para producir experiencias tranquilizadoras, que de alguna forma están, sí, legitimadas…

Dr. Claudio Naranjo: ¡ Claro ! Todo lo que disminuya la consciencia es permitido, todo lo que aumente la atención es prohibido, eso es claro. El alcohol está permitido; todos los fármacos que producen una lobotomía funcional que disminuya los problemas disminuyendo el campo de consciencia están permitidos. Ha habido movimientos de querer contrarrestar eso: toda la Antipsiquiatría fue un movimiento en ese sentido. Para poder no acudir a los fármacos depresores o los antipsicóticos, hay que dar mucho más cuidado, mucha más consciencia, mucha más atención. Toma mucho más trabajo, así que hay un problema económico involucrado, muy delicado: no querría meterme en eso. Pero ciertamente que la legislación está muy inclinada a un lado de la balanza, y yo creo que con consecuencias graves.

Se piensa que la prohibición de los alucinógenos se transforme simplemente en un asunto de Salud Pública, para impedir que haya complicaciones, para neutralizar, en cierto modo, los riesgos de la adicción. Y claro que hay riesgos de adicción: hay abuso, personalidades adictivas, hay el uso de las drogas como escape, hay todo eso; pero también creo que puede ser que el Cielo nos manda ciertos fármacos como se los ha dado a los chamanes, a las culturas primitivas; nos los da para que hagamos algo con ellos. Y tal vez el valor que tienen en catalizar, en permitir el desarrollo humano, el desarrollo de lo terapéutico, de lo espiritual, como un factor iniciatorio impersonal, sea justamente lo que necesitamos para poder reemplazar los otros fármacos. Esa atención que no sabemos darle a los psicóticos, tal vez sabríamos dársela si hubiéramos tenido más acceso a estos otros recursos prohibidos.

En general, la actitud que tienen las culturas primitivas frente a la psicosis es un poco como en la Edad Media: el loco es santo, es alguien que tiene contacto con algo muy respetable. Se lo manda a la selva: que se retire, que viva su locura hasta que salga de ella, porque se piensa que la psicosis es una cosa que tiene su recorrido y que se sale de ella -si no se la interfiere como nosotros, que le tenemos tanto miedo-. Gran parte del fenómeno psicótico está hecho del miedo a la psicosis: es un estar atragantado entre dos mundos, no ser capaz de afrontar el abismo o las verdades últimas de la existencia, estar allí cogido en un mundo que no es nada, en un limbo entre vivencias profundas y la insuficiencia de lo cotidiano.

Así que hay una promesa en que la legislación vaya cambiando; y yo aprovecharía este momento para decir que, si las autoridades chilenas toman la iniciativa de plantearle a la Organización Mundial de la Salud una iniciativa semejante a la de Suiza, harían un gran favor a este país. Esta es una cosa absolutamente de circunstancia política de presión del Gobierno americano -con su actitud “liga Antialcohólica”, actitud prohibicionista, sobreprotectora, controladora: toda la medicina americana es excesivamente sobreprotectora, por motivaciones económicas secundarias, no por verdadero cuidado-. Eso está en el espíritu con el cual eso pasó a la ONU y luego al mundo: algo completamente arbitrario. Así que se beneficiaría enormemente Chile si se tomara la autonomía a nivel de Gobierno para usar estos recursos e investigarlos y explorarlos más. Además, fueron lanzados al mundo por un chileno: me tocó descubrir como veinticinco psicodélicos. Están publicados en Nature, en Science, en revistas famosas; pero están en un lenguaje tan químico y tan poco cotidiano que nadie se ha fijado todavía; pero están allí los experimentos animales, los estudios de toxicología, así que se puede dar el paso siguiente.

Una participante: Yo quería preguntarle si el trabajo de meditación, el trabajo con hipnosis, no podría reemplazar el trabajo con este tipo de alucinógenos.

Dr. Claudio Naranjo: A veces sí…a veces, un poco de dinamita hace lo que no puede hacer la pala. Depende de la persona. Conozco a Hanscarl Leuner, psiquiatra de una Universidad europea que se ha dedicado a trabajar en las neurosis de guerra, neurosis post-traumáticas, gente que ha estado en campos de concentración, gente que ha estado en las trincheras, y quedado muy dañada. Hay gente que no ha logrado salir con nada…y salen con ácido lisérgico, porque se derrumban las estructuras, ¡ incluso la neurosis ! Eso se quiere hacer con electroshock, con shock insulínico; pero se lo hace tanto mejor y con tanto menos daño con esta experiencia, que dura unas pocas horas y que tiene tanto beneficio: la persona contacta su espontaneidad profunda y sale con una nueva inspiración.

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Avelino Jiménez, psiquiatra: “No puede haber una sociedad sin drogas”

Entrevista de Mauricio Becerra R., publicada en diario El Ciudadano, Diciembre 2008

Avelino Jiménez

Avelino Jiménez, psiquiatra que entre 1995 y 2003 fue coordinador del Subprograma de Adicciones en el Servicio de Salud Metropolitano Occidente, y autor del libro ‘Cómo consumir drogas sin ser adicto’, en conversación con El Ciudadano comparte otra mirada para entender el fenómeno de las drogas. No por nada un estudio del Conace hecho el 2003, señala que el 98,9% de la población declara no tener problemas con el consumo de drogas.

Para Jiménez la prohibición de las drogas es una actitud grosera con lo que la naturaleza nos entrega, la mayor parte de los usuarios e sustancias prohibidas no tienen problemas con su consumo y los medios de comunicación han distorsionado el tema.

¿Su experiencia personal y terapéutica qué dice de los motivos por los cuales las personas usan drogas?

- El mayor consumo de drogas es por diversión, por la embriaguez o relación que cada droga produce y que favorece acercamiento social, bienestar o evita algún tipo de sufrimiento. Otros motivos son la búsqueda existencial, religiosa, el camino espiritual, todas las religiones giran en torno a una droga, o muchas de ellas; por ejemplo Jesús en la última cena con sus amigos tomó vino y lo presenta como su sangre de ahí se repite el rito en cada ¿Qué significa? Vino es la sangre como dice la Biblia, compromiso, pasión, vida no por el color sino por el espíritu, y como en muchas religiones en la nuestra las drogas embriagantes son los canales de comunicación con la divinidad.

- Sin embargo desde hace unas décadas por razones de política se empezó a vulgarizar el término droga y a aplicarse a las sustancias  ilegales que son capaces de producir adicción. Esto lleva a que se crea que entonces los medicamentos y las drogas legales no son igualmente drogas, que no producen problemas. Es una especie de lavado de imagen, que tiene sentido pero desde el punto de vista de la relación que hay entre drogas y adicción es incorrecto, arbitrario y confuso.  Aquí ya tenemos la primera afección en el discurso de la salud pública desde agentes no sanitarios o desde nomenclaturas ajenas a la tradición sanitaria.

Además que dejan fuera el alcohol y el tabaco.

- Sí. El alcohol y el tabaco son los que producen mayor cantidad de muertes por año en Chile, cerca de 15000 cada uno, y en el mundo, pero se habla de ellos en un doble estándar que induce a creer que no son drogas. Y como la palabra droga se ha cargado con significados negativos, el decir “alcohol y drogas” o “tabaco y drogas” manipula la comprensión simple llana y útil de la realidad. Las personas cuando consultan dicen no he consumido nunca drogas, casi con orgullo, y luego resulta que tienen tabaquismo y alcoholismo. O en los consultorios algunas personas que llevan más de 20 años tomando benzodiazepinas, tranquilizantes como diazepam, clonazepam, alprazolam, hablan con desprecio de los “drogadictos”, o antes era mas frecuente que hablaran de los “marihuaneros”, especialmente mujeres que buscan más las drogas tranquilizadoras: Justamente ellas que llevan 20 años sin pasar un día lucidas. Pero como se las prescribe el médico y está avalada por el Estado, no ven cuanto se parecen ellas o ellos a quines están descalificando. Claro puede que necesiten esas drogas y los otros adictos también. Cada vez veo con cierta curiosidad que situaciones como estas de los pacientes que usan por años remedios potencialmente adictivos prescritos por los médicos, se parecen a los adictos a heroína que están en programas de metadona en Europa, el estado mantiene a algunos adictos a las benzodiazepinas en nuestro país y los salva del tráfico y su criminalización, cada droga con su diferencia en lo que corresponde por su puesto, pero si no se les prescribe he visto a quienes ponen el hospital patas para arriba y pueden agredir físicamente a los médicos incluso.


¿Entonces cuál sería un primer orden del asunto para iniciar una comprensión más sensata del fenómeno?

- Es mejor decir simplemente drogas y no alcohol y drogas y ahí están todas, y luego hacer el diagnóstico de consumo normal, perjudicial o patológico. Entonces va a ser fácil tener claro que desde la medicina la legalidad de la droga no determina si produce o no adicción y si un consumidor es adicto o no basándose en si la droga que se consume es legal.

En su libro ‘Como consumir drogas sin ser adicto’ menciona que la mayor parte de las personas han consumido drogas sin desarrollar algún grado de dependencia. Pero esto se omite en las políticas públicas sobre drogas. ¿Cuáles son las consecuencias en la salud pública que trae ignorar la diferencia entre consumidores sin problemas y patológicos?

- La mayoría de las personas las consume y sólo algunas son capaces de producir adicción, y quienes las consumen generalmente no son adictos. Con esta visión obviamente sobre el 90% de la gente consume alguna droga como medicina, diversión, espiritualidad,  religión o búsqueda existencial, como psiconautas (aventureros de la mente), pero un pequeño porcentaje, menor del 5 %, son adictos. Consumir drogas es lo normal; enfermarse por eso es lo anormal. No puede haber una sociedad sin drogas, las drogas y antes que ellas aparecieran  la medicina tradicional, nos han permitido el desarrollo como especie, la salud y la expectativa de vida humana que hemos alcanzado.

- Sin estas distinciones no podemos comprender al ser humano y la importancia que tienen las drogas en su vida. Las políticas de salud pública asociadas a esa confusión nos llevan con la vista vendada a buscar  la solución de uno de los problemas connaturales a  lo que somos: el consumo perjudicial y las adicciones. Quizás esa sea una de las causas de que las políticas basadas en la represión y el prohibicionismo, como se les ha llamado, no consiguen sus propósitos.

¿Cómo ve la actual disposición de los funcionarios públicos de salud respecto a enfoques no represivos o de reducción del daño en el tema de drogas?

- En la clínica, cuando se trata a pacientes adictos a drogas legales como el alcohol, tabaco o medicamentos, siempre ha habido algo de reducción del daño, aunque encuentro mas completo decir Prevención de Riegos y Reducción de Daños. Sé que muchos funcionarios públicos de salud se alinean con las políticas dominantes sin que sientan que armonice con sus experiencias ni con sus propias historias de vida. Se ven atrapados en un doble estándar que en cada caso tiene su grado de disociación. Claro que ahora, con la revista Cáñamo, algunos libros publicados, declaraciones de la  Fundación Paréntesis, el senador Avila y muchos otros, entra en la conversación nacional una página de la vida cotidiana, con la opinión que estuvo negada de tanta gente, que habla sobre consumo y enseña sobre drogas legales e ilegales culta y atractivamente, y si alguien no participa de ese marco más amplio de puntos de vista tampoco puede esperar que su opinión sea escuchada. Incluso, el propio Conace tiene contenidos nuevos que derivan de la estrategia de reducción del daño, aunque no lo reconocen abiertamente. El problema mayor es que Chile se haya jugado por una política dura, porque ahora le es más difícil reconocer cosas que en cierto modo dramatizó como inaceptables.


¿Es posible hacer prevención y educación de consumo de drogas más allá de la abstinencia?

- Creo que es posible. Hay varios aspectos interesantes que serían trascendentes en la formación de la gente y que les sería útil para relacionarse con las drogas, y prevenir el consumo patológico de aquellas potencialmente adictivas, y otros problemas del uso de drogas que no son adictivas, incluyendo a los productos naturales. Lo que se debería pretender es un conocimiento real de la tradición humana y animal en el uso de sustancias que  producen beneficios y que por tanto se acompañan  o tienen como consecuencia alguna emoción agradable, que es lo que la vida biológica identifica con lo bueno, y por lo tanto tiende a repetirla, para así conservar y mejorar el estado vivo.

- La prevención no se puede basar en la abstinencia del consumo y en el uso exclusivo de las drogas legales, por  mucho que la mejor manera de evitar el consumo perjudicial  o patológico sea la abstinencia. La comunidad no quiere ni puede tener un comportamiento de esa índole. Por lo tanto es más adecuado el consumo de cualquier drogas con el debido cuidado personalizado de sus riesgos, el consumo de drogas legales únicamente y la abstinencia del consumo de drogas, en ese orden de prioridad. Cada uno verá  un principio preventivo de acuerdo a su conveniencia.

- Por otro lado, si el dialogo social sobre los temas importantes de la convivencia no es amplio y enriquecedor perdemos todos una oportunidad de desarrollo y de educación, de estilo de vida más ambicioso. Si la vida real enseña más que las aulas, por último si se enseña en las aulas es para la vida real, de manera que en muchos sentidos decir cualquier cosa por arrear a la gente con buena o mala intención no puede ser inocuo para la salud pública.

¿Qué nos podría decir sobre el desarrollo de adicciones?

- Somos seres preadictivos o proadictivos, pienso. Creo que por el modelo instintivo, que funcionamos por el principio del placer y esto lleva al hábito. Sea que nos demos cuenta o no lo principal de la vida  no está entregado a la volunta  personal, demos como ejemplo: comer, reproducirse, luchar, arrancar y quizás cuantos impulsos heredados mas que podríamos distinguir. Todas estas tendencias que se nos imponen si o sí desde lo biológico, la naturaleza, del cosmos mismo al fin y al cabo porque nuestra naturaleza en la Tierra es una manifestación del universo. Así nos mantenemos en la condición de ser vivo, fuera de ello o enfermamos o morimos. En el fondo estas tendencias o instintos que nos envuelven completamente nos relacionan con el mundo de acuerdo a lo que necesitamos, y el organismo, nosotros mismos por tanto lo reconocemos como sentimientos agradables, y eso es el principio del placer. Es obvio para cualquiera, en lo que le pasa a la gente en la vida real de todos lo días y por siempre: el placer de comer, de enamorarse, de dormir, de ir al baño, de suprimir el sufrimiento del frío, del hambre, de una enfermedad, del dolor. Entonces para la persona, o para el sujeto biológico, es inteligente repetir lo que siente que le hace bien, acostumbrarse a eso que ya demostró ser bueno para su vida, lo absurdo, trágico, y suicida sería alejarse de lo que  ha sido “reconocido” por el organismo como beneficioso.

- Es por esto que el hábito es tan importante, pero hay una pana, casi una pana lógica y natural en este mecanismo del hábito y es la dependencia, de cualquier tipo, y cuando se trata de dependencias a sustancias se les llama adicción a drogas. ¿Acaso alguien podría negar que este hábito patológico está presente en los millonarios, y en todos aquellos que son presos de una pasión dominante de ganar o poseer dinero, o poder, o personas en las dependencias amorosas?

- Mientras mejor salud mental y estabilidad mental menos riesgo de consumo perjudicial o patológico. Por ello es que a mayor nivel socio económico o de oportunidades en el orden social, hay menor posibilidades de consumo perjudicial o patológico (los niveles socio económicos altos consumen probablemente en mayor cantidad pero mejores drogas y de un modo adecuado evitando las complicaciones) y, un orden social con oportunidades para la satisfacción de las necesidades de la existencia disminuye el riego de adquirir una adicción. Y en cuanto a la droga mientras mas dura o adictiva sea y mayor oferta mayor probabilidad de complicaciones en el consumo.

¿Cuáles son las drogas más adictivas usadas en Chile?

- La Pasta base y el tabaco, después vendrían el alcohol y las benzodiazepinas o los tranquilizantes.

¿Qué rol juegan los medios de comunicación?

- Es determinante su influencia. Juegan un papel aspectos como la inducción publicitaria y los perfiles de las drogas; por ejemplo el wisky es elegante, el ron es alegre y la pasta base es delictual, para dar un ejemplo simplificado, y los medios están todo el día perfeccionando esos modelos. Cuando se habla de las drogas como siempre se asocia con tráfico, truculencia, balaceras o detenciones. Pacientes adictos me han contado que esos programas donde muestra y hablan de las drogas como reality, les despiertan fuerte ansiedad de consumo y perjudica su tratamiento ¿Qué les parece? Creo que las autoridades ni los canales saben que hay muchos televidentes en esa lucha por el raiting que están siendo perjudicados en su consumo anormal de drogas, quizás las autoridades y los canales  están buscando el efecto contrario, espero que tomen nota.

¿Ve alguna contradicción en estos regímenes de representación?

- En Chile hay una política de control de estupefacientes y psicotrópicos dura y somos productores de buenos vinos y piscos, y durante las décadas pasadas hemos fortalecido la exportación, llevando la droga que más morbilidad y mortalidad produce a otros pueblos del mundo y principalmente a los jóvenes; y todavía no ponemos en las botellas una advertencia algo así como: el alcohol puede provocar graves daños para la salud y eventualmente llevar a la muerte. Uno de nuestros ídolos futbolísticos fue figura para la venta de drogas en un spot  de vino con el slogan “la calidad va por dentro”, y después usando la misma ascendencia sobre la población, especialmente sobre los jóvenes, fue figura de la campaña antidrogas del Conace, exactamente al otro lado. Esa son contradicciones que se tienen en la visión de las drogas y en la transparencia de las acciones

Además que los mismos medios nos invitan a la utopía de una sociedad libre de drogas.

- Sí, podría haber la posibilidad de una vida sin drogas en una sociedad perfecta, entonces la oferta de placer, satisfacción o bienestar que ellas ofrecen estaría cubierta auténticamente por otras posibilidades, pero en ese camino de perfección nos hubiéramos desecho de tanto lastre y sufrimiento que también sería innecesarias las religiones, las ideologías, quizás los ritos. Por eso que es utópico.

- La gente necesita desarrollo, pero no para que deje de consumir drogas. A una población se le debe proveer de las condiciones para su educación, esparcimiento, trabajo, pero no como parte de un programa para alejarlos de la drogas, si no como parte de las necesidades naturales de sus miembros. ¿Recién van a pensar en la canchita de baby cuando enfrentan el consumo patológico de drogas. Esa población no se beneficia del deporte por sí mismo?

¿Qué problema de salud pública ves tu en el hecho de que para las autoridades todo consumo de drogas sea visto como adicción, o su posibilidad, olvidando que la mayor parte de los usuarios de sustancias prohibidas no tienen gran problema con su consumo?

- Es un acto automutilativo en lo psicológico, corporal y social porque desconoce y ataca  aspecto de lo humano al calificar de patológico o criminalizando una dimensión normal.  Ese tipo de contenidos preventivos son vistos con suspicacia porque se parte con una afirmación que no coincide con lo que la mayoría observa por si mismo. Pueden ser creídos por quienes no tienen ningún conocimiento sobre drogas ni van a estar probablemente en mayor riesgo, pero van a provocar resistencia y rechazo en quienes tienen experiencia y sobre todo en los usuarios con consumo perjudicial y en adictos que saben sobre la droga de la que están enamorados, puede que no sepan sobre la adicción, pero sobre la droga saben  más que el profesional a veces, o que los políticos que determinan las leyes que las rigen, y son esos consumidores con problemas quienes más que nadie deben ser los destinatarios de esas políticas. Creo que las afirmaciones preventivas que igualan el consumir drogas a ser adicto, son efectivas en una franja de la población, y seguramente a consecuencia de ello hay muchas personas con la que se cumple el objetivo de salud. Incluso el condicionamiento con contenidos antidrogas  de los niños a temprana edad, ya que no es educación propiamente tal, tiene efecto preventivo por que hay quienes nunca se van a exponer a sus efectos positivos o negativos.

- Es perjudicial para el uso del presupuesto en salud, seguridad, justicia, para las atenciones en cada uno de estos ámbitos que son recargados con demandas producidas por los programas que no van a ninguna parte porque muchas son personas sanas. Es el caso de los peritajes a usuarios de drogas enviados por los juzgados por que los encontraron con drogas ilícitas y debía diagnosticarse si tenía o no un consumo anormal, la mayoría de ellos  por marihuana y por tanto con bajo porcentaje de problemas en el consumo. Si las autoridades dicen que el consumo es igual que la adicción, o no hacen la diferencia a veces o muchas veces, es porque algunos puede que lo ignoren lo que es lamentable, si no vergonzoso, pero creo que lo hacen cuando están tratando de ejercer una forma de control social. Quieren sacar a la gente a pasear pero con el collar puesto.

¿Cómo evaluarías los resultados hasta ahora obtenidos por el enfoque centrado en lo represivo que ha dirigido las políticas de drogas en Chile?

- Como aceptable pero insatisfactorio. No es una política chilena, es un alineamiento mundial. En las estimaciones de las políticas de drogas no me acuerdo de algún trabajo o estudio que elogie los resultados, todas las variables que pretendían reducir están en permanente crecimiento u oscilación, me refiero como siempre a lo que pasa en general internacionalmente.

- Países como Holanda que tienen políticas diferentes les ha ido bien en varias cosas en los más de treinta años que la tienen, pero no es una política abierta de verdad tampoco, solo tiene el camino medio abierto a la cannabis y sus derivados.

- En el caso particular de Chile con el Conace a la cabeza, han  crecido y se han desarrollado, tanto en inversión como en rehabilitación, en diversificación de programas para distintos grupos con problemas, lo que es un gran mérito y un enorme trabajo sostenido en el tiempo. En la atención de los afectados no hay tanta diferencia en la intervención. Pero en la comprensión de las dinámicas sociales que relacionan a las personas con las drogas, creo que no han evolucionado y son como un espejo en el que por más que el país se mire no logra reconocerse.

¿Qué elementos señalarías como capitales a la hora de plantear otra política de drogas en el país?

- La persona tiene derecho sobre su cuerpo y no se le puede entregar al estado supremacía sobre la vida privada. Por lo tanto no debe penalizarse el consumo de ninguna droga. La ley de drogas produce violencia social, un factor que de alguna manera enardece la salud mental poblacional. Por su puesto para equilibrar tiene que legislarse firmemente para enfrentar la molestia derivada de los malos consumidores; el derecho a consumir drogas no autoriza en nada a perturbar a terceros no interesados, ni atenuar delitos o eximir de sanciones generales que se le aplica a todos.

¿Y respecto a la información de los organismos públicos sobre drogas?

- Esta debe ser sin censura ni distorsiones ideológicas. Cuando se leen los informes del boletín de narcóticos, o del centro de monitoreo europeo para la droga y la drogadicción, o la oficina de las naciones unidas contra las drogas y la criminalidad, se observa que los organismo de alto nivel tienen una actitud abierta en comparación al oscurantismo y  la censura en el medio nacional, estamos siendo en los hechos mas papistas que el papa. Lo último atenta evidentemente contra la madurez del país y por ende la acertividad con que puede enfrentar situaciones. Por otro lado me preocupa y siento pena en cierta medida cuando se pretenden implementar programas contra las drogas en niños, me parece en cierta medida un abuso que implanten un chip en la mente limpia y en crecimiento de quienes no están en condiciones de oponerse, provocando en ellos un adiestramiento social con contenidos que pertenecen a un sector de la sociedad y con un tema de adultos. Respetémoslos, no  convirtamos a los niños comparsas de las controversias existenciales que les tocara enfrentar a su momento; cuidemos de ir corriendo a ver quien se gana las mentes infantiles a su favor frente a cada controversia existencial que enfrentamos.

¿Qué le parece la distinción entre drogas duras y blandas?

- Tiene que haber una distinción. No es de sentido común que la marihuana sea prohibida porque tiene poco riego social y sanitario. Holanda el único país en donde durante décadas han practicado el consumo de marihuana en su política de drogas, seriamente monitoreado lo avala, ¿que otro país puede tener un respaldo similar? Lo que no significa que se pueda traficar libremente. Porque los comerciantes que tienen la motivación de la ganancia son un peligro para la relación equilibrada de las personas con las drogas, y son un estímulo a la criminalización de las actividades, las dinámicas y los productos comprometidos, y de eso no se salva quines giran alrededor de la marihuana, porque es un principio que tiende a cumplirse en todos los casos.

- También sería interesante considerar el funcionamiento de laboratorios que analicen las muestras de las drogas ilegales  como un servicio quien quiera saber que va a consumir cuando las compra. Esta sería una típica intervención de prevención del riesgo y reducción de daño. No necesariamente tienen que ser gastos del estado, pueden ser laboratorios particulares, o de ambos, y con un sistema de monitoreo centralizado de los resultados que mida y siga la calidad  de las drogas que están ofreciéndose en el mercado de drogas ilícitas. Un usuario con el informe de lo que ha comprado podría abandonar a los traficantes que ofrecen drogas malas, lo que en los hechos traería un impacto económico y sanitario en el mercado negro de las drogas insospechado. Además sería una excelente guía para ir previniendo a la población de acuerdo a los cambios de calidad y a las mezclas que vayan surgiendo.

¿No sería mejor empezar por cambiar los conceptos y llamar a algunas sustancias enteógenos, por ejemplo, noción que conlleva otra dimensión mucho más rica?

- Sí, me gustaría que en un política más sofisticada, pudiera accederse a drogas como LSD, éxtasis, hongos mágicos, mezcalina y todo ese grupo de drogas enteógenas, que tienen poco efecto adictivo. Lo principal del término enteógeno es que llevan a experiencias de revelación del mundo (hacen visible o generan a Dios), lo que corresponde a los éxtasis religiosos de los místicos; experiencias de integración profunda con el mundo y de conciliación personal. No todos se interesan en ellas, pero hay una necesidad en el ser humano de la aventura de la mente y del espíritu de gran belleza y moralidad que no puede si no enriquecerlo, y el que se sienta llamado a ello, es un derecho muy delicado procurárselo; del mismo modo que debe haber acceso expedito a las drogas para investigaciones sobre la mente y el comportamiento.

- Estas mismas drogas podría usarse para el bien morir. La humanidad, todas las personas tienen la sombra de la muerte rondando, es una realidad, el temor a como le va a tocar morir a cada uno, con cuanto dolor, cuanto tiempo de agonía, en que condiciones. La vida podría ser inmensamente más tranquila y hermosa si no tuviera esa incertidumbre terrible al final. La mayoría desea ingenuamente tener una muerte rápida y sin sufrimiento, sin ser carga para nadie. Cuanto cambiaría nuestra alma, la salud mental de la gente, si fuera diferente, y puede ser ya ahora mismo diferente. De manera que el poder químico actual nos aportara drogas con las que nos despidiéramos sin dolor y con un sentimiento profundo de seguridad y amor lo que sería la justa dignidad para el que muere y de gran nobleza para los que se quedan ¿si repreguntas que haría con la persona a quién más quiero en el mundo en esa encrucijada de la muerte? Evitaría que caiga en el precipicio del dolor, la desintegración física, el terror y el sufrimiento extremo, no podemos impedir la muerte pero si enfrentarla juntos con el o ella para que se valla volando gloriosamente, es como acompañarla hasta la puerta, un abrazo y nos despedimos con agradecimiento; ¡eso es escala humana! Si fuéramos capaces de tomar decisiones como estas probablemente seríamos capaces de vivir también mucho mejor y las drogas serían menos recurridas como medios de bienestar y habrían menos adicciones. Y sabes que en alguna importante medida las drogas nos hacen ese impagable favor de alivianarnos el sufrimiento y dolor en la muerte ya desde hace mucho, y son las mismas que denigramos banal y estúpidamente, por ejemplo los derivados del opio como la morfina, de donde mismo  se origina la heroína. Debemos una disculpa por esta actitud grosera con lo que la naturaleza nos entrega.

 

* Esta entrevista forma parte del reportaje sobre como consumir drogas sin ser adicto, publicado en la edición de diciembre de 2008 de El Ciudadano (www.elciudadano.cl) .

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Salud y Conciencia: el uso adecuado de las Plantas de Poder.

Psicóloga Gabriela Torres P. - Enero 2009

Gran parte del sentido de pérdida del bienestar, de pérdida de la salud[1] brota a partir de la incapacidad del sujeto de hacerse cargo de su vida de una manera que le deje satisfecho.

La aparición de síntomas como angustia, desánimo, pánico, trastornos del sueño, entre tantos otros, son cada día más frecuentes, y la respuesta más habitual que brota desde la oferta de salud pública y privada consiste en disminuir el síntoma a través de bloquear o inhibir la capacidad del sujeto de sentir aquello que siente.

Esta aproximación si bien efectivamente, en la mayoría de los casos, logra disminuir la angustia experimentada por el sujeto, no lo capacita, no le entrega herramientas para poder permanecer, así, abierto, sintiendo su vida. Con incomodidad, claro está, pero también siendo llamado de este modo a crecer, a hacerse mejor cargo de su vida. No le conduce a aprovechar el síntoma como oportunidad de actualización de su potencial vital para acceder a estados de mayor satisfacción y totalidad.

Una respuesta útil en estos casos, consiste en ofrecer al sujeto experiencias que le permitan ampliar su conciencia, tomar la perspectiva suficiente como para poder integrar aquello que siente de un modo más operativo, con más esperanza.

Lograr la incorporación al plano conciente de aquello que desde el funcionamiento subjetivo neurótico no es capaz de darse cuenta. Ampliar la mirada, permearse de más de si mismo, de más del entorno, de más de aquello que pertenece al plano de lo trascendente. Esto ordena, alivia y ofrece una demanda también, es un camino de desarrollo humano.

La expansión de la conciencia de un sujeto le permite distinguir, por ejemplo, aquellos elementos que son de su propia competencia modificar de aquellos que no. Permite reconocer con mayor precisión las potencialidades y los defectos personales, permite reconocer con mejor precisión cuales son sus responsabilidades reales, el papel que le toca jugar.

En definitiva se desarrolla la capacidad de establecer un contacto más objetivo con la realidad.

La expansión de su estado de conciencia le ofrece la posibilidad de tener lecturas enriquecidas de su situación que le permitirán emitir respuestas que ordenen su vida de un modo tal que le deje más satisfecho, y así experimentar un aumento de su bienestar, una recuperación de su salud, incluso en presencia de enfermedad, alcanzar respuestas más maduras frente a una enfermedad, participando activamente en la búsqueda del equilibrio.

Existen diversos modos o estrategias de enriquecer y expandir la conciencia de un ser humano, prácticas como la meditación, por ejemplo, van dotando al sujeto de de la capacidad de trascender su natural tendencia a funcionar desde la lectura subjetiva del momento, hacia un estado donde aquella subjetividad es un elemento más a considerar al momento de emitir una respuesta. En este caso se trata de un entrenamiento, de un ejercicio práctico y disciplinado, que se va sumando, que habilita al sujeto poco a poco a sostener un funcionamiento de mayor conciencia.

Las Plantas de Poder

El uso de “platas de poder” o sustancias enteógenas[2], elementos que están presentes en nuestra cultura desde la antigüedad, desde la aproximación chamánica pre-colombina hacia la salud y que se mantienen vigentes hasta nuestros días, es otra vía, desde donde es posible alcanzar experiencias concretas de la expansión del estado de conciencia.

El uso de este tipo de sustancias, en el contexto adecuado y en personas que reúnen ciertos atributos de funcionamiento, (que ya han alcanzado una cierta madurez y que se encuentran experimentando alguna crisis vital, necesitando aumentar su panorámica, interesados en su desarrollo y crecimiento humano), resulta de gran utilidad, ofrece la posibilidad de ampliar su estado de conciencia de manera tal que resulta ser una experiencia trascendente en sus vidas, difícil de olvidar, y que entrega elementos suficientes para resolver, para reorientar, para realizar ajustes vitales y aumentar el propio sentido de bienestar.

Por ejemplo, una experiencia de este tipo puede permitir al sujeto salirse de las lecturas habituales de su situación; aquellas lecturas, que le hacen experimentar por ejemplo, que se encuentra en un callejón sin salida o, que al menos, las alternativas o caminos que alcanza a ver no le dejan satisfecho; le permite contemplar, acceder a otros elementos, de otra naturaleza, que también se encuentran presentes en su situación.

En muchos casos, se abre la posibilidad de incluirse a si mismo como parte de lo observado, vale decir, dejar de mirar que “es aquello que me rodea, las circunstancias o las demás personas, como eje de mis dificultades, y comenzar a reconocer aquello que yo mismo hago para mantener la situación de ese modo que me genera insatisfacción y sufrimiento”; y se abre, por tanto, la posibilidad de la transformación de la propia actitud, de la propia respuesta frente a la vida.

En otros casos u ocasiones, la apertura de conciencia permite colocar en su justo lugar, en un lugar más preciso, acotado, la dificultad que enfrento. Cuando, por ejemplo, la magnitud de la importancia otorgada frente a la dificultad está sobredimensionada, donde en realidad más bien la presencia de esa dificultad, vista de ese modo, se transforma en el distractor que me impide mirar aquellas otras situaciones donde mi presencia si se requiere. Sacar el velo y asumir y dar respuesta a eso que sí urge, ordena de mejor manera mi situación, me deja más satisfecha y me permite estar más y mejor disponible a atender aquello que me tenía entrampada.

Se produce también, en la mayoría de las veces, un grado de apertura y contacto con aquello más sutil de la naturaleza, de la vida; momentos de tranquilidad y plenitud ciertamente experimentados, que nutren la vida del sujeto, y le permiten re-encantarse, retomar fuerzas para seguir avanzando, con la certeza que existe un plano donde todo está bien, permitiendo asumir con más tranquilidad aquello que complica en este plano más terrenal y pasajero.

Resumiendo, finalizando

En definitiva, el uso terapéutico de estas herramientas tradicionales como son las plantas de poder o sustancias enteógenas, son una respuesta que permite al sujeto que se encuentra experimentando insatisfacción, o pérdida del sentido de bienestar vital, alcanzar un estado de conciencia ampliada, que ordena y enriquece la experiencia del sujeto, permitiéndole encontrar nuevas salidas o respuestas ante su particular situación, avanzando hacia estados de mayor satisfacción y experiencia de bienestar. Por tanto, es posible afirmar, que el uso adecuado de estas sustancias, son un aporte a la promoción de la salud humana.

Obviamente es un tema delicado, el uso indiscriminado y fuera de contexto de estas plantas puede causar daño o no ofrecer en ningún caso los beneficios antes descritos. Sin embargo, quienes hemos asumido el rol de servicio en salud humana, tenemos la obligación y el derecho de hacernos cargo de la búsqueda de respuestas que satisfagan esta demanda asumida.

El propio entrenamiento, la propia vida puesta al servicio del cultivo de un funcionamiento ampliado en conciencia, podrá dotarnos de las competencias necesarias para el empleo de herramientas de esta naturaleza de manera responsable.

En nuestra sociedad chilena falta mucho por regular, por reconocer en estas materias, existe en nuestros países vecinos un avance mayor. Sería un error no abrirse a otorgarle el lugar que le corresponde al uso terapéutico de las plantas de poder y simplemente restringir y negar su uso y utilidad práctica en salud humana.


[1] Salud: experiencia de Bienestar Físico, mental y social de un sujeto, según definición de la OMS.

[2] Enteógeno: sustancia vegetal o preparado de sustancias vegetales, que, cuando se ingiere, provoca un estado no ordinario de conciencia, una apertura hacia la experiencia de lo divino. Muchas veces asociada a la presencia de visiones o experiencias de apertura a dimensiones de totalidad superior a las habituales, que desde otras perspectivas menos integradas pueden ser leídas como alucinaciones, pero que sin embargo no lo son, en tanto se trataría de una experiencia de apertura, y no de una visión que no cuenta con asidero real.

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