La Evolución de los Poderes

Ricardo Jiménez – Agosto 2011

Politica y espírituA estas alturas parece casi pretencioso y egocéntrico pretender hacer algún comentario de la actualidad y que sea referido exclusivamente a nuestro país, pues resulta evidente que los signos de transformación de esta década afloran en muchas partes del mundo y con muchos elementos sorprendentemente comunes.

Uno de estos fenómenos es el que se ha rotulado como “empoderamiento ciudadano”, que emerge fuerte y contagiosamente en latitudes y contextos tan disímiles como los países árabes, Europa y Chile. Me parece interesante indagar en un análisis más profundo de este fenómeno, intentando dilucidar sus raíces fundamentales y que posibiliten proyectarlo consistentemente en un plano más universal.

El juego del poder

Un primer elemento de análisis surge de recordar que la dinámica del poder es de aquellos “juegos” sociales que técnicamente se califican de “suma cero”: es decir, si un determinado grupo social emerge con mayor poder, esto siempre será relativo a otro grupo que experimenta un detrimento; y esto por la naturaleza misma de lo que significa el poder. Siempre que uno sube hay otro que baja; y viceversa.

Entonces, la comprensión integral del fenómeno requiere mirar ambas caras de la moneda, pues se explican inexorable y mutuamente. Si atendemos a la realidad, nacional e internacional de los últimos años, quedará en evidencia como la caída en diferente referentes del poder hizo de catapulta para el surgimiento del llamado “poder ciudadano”:

- El poder religioso capitalizado por la Iglesia Católica a experimentado una vertiginosa y sistemática caída fruto de sus propias contradicciones, con su pérdida de hegemonía como referente ético no solo en Chile, sino en todo occidente.

- El poder económico, representado por la clase empresarial y autoridades del área económica-financiera, se torna cada vez menos confiable ante la crisis de un sistema que solo muestra signos de debilidad y revela su inconsistencia absoluta a partir de sus prácticas codiciosas y/o tramposas y/o abusivas y/o especulativas.

- El poder político – representado por la clase dirigente, los partidos y el gobierno – pierde total credibilidad ante una práctica política extraviada de su misión fundamental: el servicio público. Todo esto refrendado con dogmatismo ideológico, discursos vacíos-demagógicos y una dinámica entrampada en sus propias luchas de poder.

TIC’s: el caballo de Troya de la (r)Evolución

Seria ingenuo pensar que la corrupción que debilita las principales estructuras de poder social comenzó en estos últimos años, pues la evidencia histórica demuestra que la tendencia tiene larga y sostenida data. La particularidad de nuestros tiempos radica en que hoy una inmensa mayoría de ciudadanos tiene acceso a herramientas tecnológicas que le permiten mantenerse muchísimo y más verazmente informado; así como comunicado.

La fuerza alcanzada por el desarrollo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC’s), en particular Internet, ha posibilitado una auténtica democratización de la información/comunicación, haciendo perder al resto de las estructuras de poder (religioso, económico y político) una de sus principales armas: el control hegemónico de los medios de comunicación y, con ello, la posibilidad de manipulación sobre la ciudadanía.

La relevancia de Internet como instrumento operativo clave de los movimientos ciudadanos lo vemos reflejado cotidianamente en dos aspectos evidentes:

- Manejo de información actualizada y fundamentada por parte de quienes participan en los movimientos y particularmente sus líderes. Sus planteamientos son cada vez más sólidos y consistentes, haciéndolos creíbles para la opinión pública. Buena parte de la información además revela y socializa evidencia que demuestra la corrupción de los poderes instituidos, propiciando aún más su debilitamiento.

- Para todos los efectos de comunicación: toma de contacto, intercambio de antecedentes y opiniones, coordinación de actividades, convocatorias, difusión de información relevante, etc.; la plataforma virtual los habilita para transmitir a gran escala, mucha rapidez y bajo costo.

Un nuevo eje articulador del poder: la ética por sobre la ideología

Si bien los dos elementos anteriormente expuestos (el debilitamiento/corrupción de los poderes constituidos y las posibilidades que permiten las tecnologías de información) son condiciones necesarias para explicar el fenómeno del “empoderamiento ciudadano”, no me parece que sean suficientes, pues tiene que haber una motivación poderosa como para movilizar a cientos de miles tras una causa común y que en la mayoría de los casos trasciende con creces los meros intereses personales.

Sin duda que la indignación que provoca el ejercicio abusivo del poder instituido ya provee el “combustible” necesario para movilizar a muchos miles que se encuentran profundamente frustrados y desesperanzados frente a un sistema que sienten aplastante. De hecho, los que se encuentran en esta situación generalmente se suman a las movilizaciones ciudadanas (y en general a cualquier aglomeración masiva) para expresar su descontento a través de la violencia, muchas veces indiscriminada e inconducente. En algún sentido responden de manera catártica solo para descargar el tremendo resentimiento que les provoca una vida socialmente marginada.

En el corazón de los movimientos ciudadanos hay también una dosis de sana indignación y rebeldía, pero sus planteamientos son principalmente constructivos, en su forma y fondo buscan proponer un nuevo orden, que hace eco en el alma de una mayoría que se va sumando con optimismo y entusiasmo.

En Chile lo hemos visto principalmente en el movimiento por la educación, pero también en las movilizaciones ambientalistas y por el respeto a las diferencias, es donde aparecen estos rasgos distintivos:

- Una nueva forma de protestar y manifestarse, donde predomina un espíritu creativo y lúdico.

- Una férrea unidad entre sus líderes, donde las legítimas diferencias ideológicas se respetan y ocupan un segundo plano frente a sus demandas de reformas.

- Un planteamiento riguroso de sus posturas, donde se equilibra adecuadamente la denuncia de la perversión en los sistemas imperantes, con la propuesta de alternativas de solución.

- Una visión global e integradora para enfrentar la problemática, que supone no solo una capacidad cognitiva, sino también una actitud generosa para abordar los temas sociales contemplando las necesidades de todos los sectores afectados. Cuestión que destaca sobre la perspectiva parcializada que habitualmente domina en el resto de los poderes, que se limitan a proponer “soluciones parche”.

- Un respeto de los procedimientos democráticos, mediante los cuales consultan con frecuencia a sus bases para definir sus posiciones en el conflicto.

Las características que presentan los movimientos ciudadanos me llevan a abrazar la tesis (y también la esperanza) de que estemos frente a un proceso muchísimo más profundo y significativo: un cambio de conciencia de nivel colectivo que nos posibilite acceder como sociedad a nuevos paradigmas, que a su vez nos permitirán establecer transformaciones profundas de nuestros sistemas sociales, superando las crisis en una dirección evolutiva.

Si tuviera que titular este salto cuántico, lo definiría como un paso desde un ordenamiento ideológico a uno valórico. Asumo que este planteamiento es aventurado atendiendo el clima de confusión que hoy reina principalmente en las estructuras de poder formal, pero veo con claridad que gran parte de ese caos reside en la incapacidad de aceptar que la primacía ideológica llega a su fin… cada vez escuchamos con más frecuencia acerca de “posiciones transversales” que desarticulan las hegemonías ideológicas, ya sean estas religiosas, políticas o económicas.

Así, el flujo de los movimientos ciudadanos y sus propuestas se encauza y direcciona por opciones éticas compartidas, que además cautivan el amplio apoyo de toda la ciudadanía. La opción ideológica adopta un rol secundario, con un carácter instrumental al servicio del valor anhelado. El quiebre fundamental entre quienes aún ostentan poderes formales y el resto de los ciudadanos radica precisamente allí: los primeros insisten en defender sus dogmas ideológicos, generalmente muy asociados a sus intereses personales… en la porfía de aferrarse a un eje obsoleto están perdiendo la representatividad y capacidad de ejercer poder real.

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