Cierre y despedida
Hace unos meses terminé de cumplir con la pena sentenciada por el tribunal y, pese al largo tiempo transcurrido, recién ahora me animo a cerrar y despedirme de este capítulo de mi vida, que en más de una oportunidad se me presentó como una verdadera pesadilla… asumo que soy extremadamente lento para completar estos procesos, pero valoro darme el tiempo suficiente para decantar las cosas en profundidad.
Mi principal dificultad radica en lograr encauzar constructivamente mi emoción de rabia, para acceder a una perspectiva ecuánime que me revele el sentido y frutos de la experiencia vivida. Ha sido parte del aprendizaje aceptar y valorar mis sentimientos, aunque estos sean a ratos incómodos y limitantes… en este momento acojo mi ira como una expresión sana y natural de mi indignación, frente a una situación que responsable y abiertamente califico de corrupción[1] y de la misma rabia surge también la fuerza para denunciar las cosas por su nombre y sin ambigüedades.
En el transcurso de todo el proceso hubieron muchas personas e instituciones que revelaron sus facetas corruptas: el ingreso no autorizado y engañoso de los periodistas del Canal 13 para hacer registro audiovisual del allanamiento de mi hogar, la difusión de información distorsionada de los medios de comunicación, personal de la Policía de Investigaciones (PDI) que actuó con prepotencia y posteriormente mintió en sus declaraciones, los jueces que emiten una sentencia ambigua y descomprometida, el Consejo Nacional de Televisión en su negativa a acoger mis denuncias amparados en aspectos formales de procedimientos, etc.
En lo personal y subjetivo es la figura del Fiscal la que, por su rol protagónico, encarna y simboliza en primerísima instancia el ejercicio abusivo y perverso del poder. El recuerdo de sus actuaciones me produce, aún en estos momentos, una sensación de repugnancia y desprecio. Siguiendo con la lógica de decir las cosas por su nombre, especifico claramente a que me refiero:
- Articular con los periodistas del canal 13 y la PDI un montaje mediático, usando recursos engañosos y que nada aportaba al proceso judicial, sino por el contrario, permitía confabular las motivaciones perversas: figuración del propio fiscal para fines de su carrera funcionaria, material sensacionalista para el canal televisivo y pantalla de protección para la institución policial, seriamente cuestionada en ese entonces.
- Dar orden de destrucción de mi jardín para la extracción de los cactus, en pleno conocimiento que estos no estaban proscritos por ley, ejerciendo un flagrante y descarado abuso de poder con daño irreversible.
- Manipular en forma arbitraria y sin fundamento las categorizaciones del proceso investigativo (imputaciones y acusaciones), a fin de obtener atribuciones abusivas y ejercer intimidación sobre los inculpados.
- Presentar pruebas alteradas durante el desarrollo del juicio oral.
Resulta evidente que estos hechos hubiesen permitido establecer una demanda contra el Estado de Chile en general y la persona del Fiscal en particular, sin embargo deseché ese camino y me conformo con hacer esta denuncia pública, que se suma a la de tantos chilenos que no estamos dispuestos a callar nuestra indignación ante la corrupción generalizada y sistémica que permean nuestra cultura.
Algunos amigos me han advertido que esta publicación conlleva riesgos de eventuales represalias… asumo que ello siempre es así cuando se confronta a cobardes y maquiavélicos, pero parte de la decantación a sido admitir que mi conciencia se incomoda aún más en la complicidad del silencio que en la posibilidad de verme nuevamente envuelto con abusadores.
Despejados los asuntos externos me resulta factible y necesario abocarme a las cuestiones internas que también han requerido mi atención en este último tiempo, ya que evidentemente la idea no es evadir los cuestionamientos que han surgido en este proceso, ni mucho menos situarme en un rol victimoso e irresponsable; sino por el contrario, integrar la experiencia como un aprendizaje de crecimiento.
Un primer elemento autocrítico que surgió de esta vivencia fue reconocer lo muy enajenado que me encontraba del mundo concreto y social. Efectivamente mis intereses de los últimos años se habían focalizado muchísimo en asuntos de orden personal-espiritual, pero hoy veo con claridad que ello transcurría en paralelo con una disociación bastante insana que evitaba enfrentar los desafíos de la vida cotidiana, además de una desvinculación extrema de mi entorno social. Me resulta muy decidora la imagen del tremendo despliegue policial y periodístico, desplazando hasta mi remota casa en la montaña, para decir: ¡aquí estamos!… sin duda un duro aterrizaje, pero aterrizaje al fin.
Los primeros beneficiados de este aterrizaje fueron mis hijos, quienes no tardaron en confesarme que tras mis opciones de una vida tan marginada de lo simple, cotidiano y ordinario; me percibían distante y, a veces, inalcanzable. No necesitamos mucho tiempo ni esfuerzo para volver a establecer la cohesión en nuestras relaciones, fruto que permanece vigente hasta hoy.
Tampoco es casual que desde ese entonces mi atención al acontecer nacional y mundial se haya incrementado considerablemente… el ejercicio ha sido sumamente interesante y me he encontrado con varias cosas. En primer lugar, comprender que en el núcleo de mi evitación ha estado mi resistencia a aceptar lo muy miserables que somos los seres humanos, pues cualquiera que se encuentre medianamente informado sabrá que la corrupción es “el pan nuestro de cada día”, al punto que mi experiencia pasa a situarse como un insignificante “pelo de la cola” en la vorágine social.
Para ser preciso debo decir que en ningún momento ignoré que mis trabajos con ingesta de San Pedro estuvieran en el límite de la legalidad, pues tenía conocimiento que la cuestión se debatía y había opiniones distintas al respecto… mi opción en ese contexto fue realizar los rituales en forma abierta y publica, bajo la premisa que si en algún momento surgía una objeción, el poder actuaría a la altura de su embestidura, instruyéndome para la suspensión de mis actividades. Desde lo que hoy calificaría como una “ingenuidad estúpida”, mi desvinculación de la realidad social me hacía imposible pensar que un Fiscal corrupto pudiera armar un montaje tan sofisticado y costoso para resolver un asunto tan nimio.
Otro elemento bastante más íntimo y profundo, ha sido despertar mis inquietudes políticas y sociales, adormecidas desde los tiempos que pudimos regocijarnos con la caída de la dictadura militar. Esto ha sido un reencuentro dificultoso con una vocación que según recuerdo, me acompaña desde muy pequeño, cuando soñaba con un mundo bastante idealizado y que posteriormente, en mi juventud, se expresó en la acción social y la participación política semiclandestina.
Esta sensibilidad hacia lo social no es distinta a la que experimento en el plano personal y que, en el transcurso de estas últimas 2 décadas, he aprendido a encauzar y desarrollar en mi trabajo terapéutico con personas que necesitan sanación o buscan crecimiento en sus vidas. La dificultad que se me presenta en el nivel social es que la realidad se me revela igualmente dolorosa, pero me siento impotente y frustrado de no poder hacer nada al respecto… ¡de allí al estéril “bajón” solo un paso!.
Afortunadamente tengo los elementos necesarios para comprender que todo este proceso y crisis de mis últimos años no es más que un llamado de la existencia a integrarme también como ser social-político, reactivando mi vocación en este plano. En definitiva se trata simplemente de lo que muchos llaman “reinventarse”, cuestión que en estos momentos se me presenta más como una atractiva aventura que como algo definido y claro.
De momento no se me a ocurrido otra cosa que escribir y compartir algunos comentarios sobre el acontecer social (especialmente nacional), para lo cual e incorporado en este mismo blog la categoría “Chile en el 2012”. Aspiro a través de esto abrir un espacio de intercambio y reflexión colectivo, para aproximarnos a una lectura más profunda de los hechos que hoy están impactando nuestra sociedad… y anhelo que en esta aventura podamos descorrer el velo de los miedos y prejuicios, hasta descubrir el resplandor del Espíritu también manifestado en los desafíos sociales de la década presente.
Y quién sabe?.. en una de esas hasta la corrupción de los poderes se nos revelan como una trampa del Misterio, necesaria para que emerja la nueva conciencia que nuestro planeta requiere a gritos.
Me despido con mucha gratitud de todos quienes me acompañaron generosa y amorosamente en este difícil proceso, particularmente en los momentos amargos… agradezco también a la existencia el maravilloso regalo de la conciencia.
[1] Uso el término corrupción en su acepción estricta: conductas abusivas que pervierten o alteran la intención y/o sentido y/o propósito original con que fue asignado un determinado poder.
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